El escándalo político con el que abrió la semana tuvo su origen en los videos en poder de Reporte Índigo que muestran la noche loca que protagonizaron en Puerto Vallarta, Jalisco, algunos diputados federales panistas acompañados de otros distinguidos miembros del partido blanquiazul y unas damitas de las llamadas de compañía, de esas que andan en malos pasos pero entre más malos pasos dan mejores zapatos usan.

El Partido Acción Nacional celebró en el mencionado puerto su reunión plenaria del 2014, entre el 23 y el 26 de enero. Una reunión plenaria para un partido político es el equivalente a una junta de estrategia o una convención de ventas para una empresa privada, donde se reúnen los jefes y sus subordinados para fijar el rumbo de la compañía o para establecer el estimado de ventas, el dinero que va a entrar a la empresa durante el año. (En el caso de los partidos políticos el tema de cuánto dinero va a entrar es lo que menos les preocupa, puesto que de antemano saben lo que los ciudadanos –sus pendejos, dicen al referirse a nosotros cuando están a solas- les vamos a proporcionar en el año. Lo que sí les interesa es cómo se van a repartir los recursos económicos que el generoso pueblo de México les brinda a los padrotes de la patria).

Según mis cálculos la noche loca fue el 24 o el 25. El 23 fue la inauguración a cargo del presidente nacional del partido, Gustavo Madero, quien les recomendó a sus huestes “defender el ADN panista”. La reunión terminó a las 10 de la noche. A esa hora los diputados y otros miembros del partido se fueron al restaurante-bar La Bodeguita del Medio, que cerraron por su cuenta para cenar, oír música y bailar con las compañeras. Aquí es donde pienso que este festejo resultó aburrido para aquellos que el trópico, la bebida y el estar lejos de casa los incita al sexo.

-Qué aburrido está esto –expresó uno de los arriba descritos-. Mejor vamos con unas putas.

-Ya te dio mamitis –le reviró otro.

Al otro día: viernes o, tal vez, el sábado, todo estaba listo para la noche loca. Alquilaron una mansión, Villa Balboa, en la zona más exclusiva de Vallarta. Se contrató una banda musical y servicios de meseros. Se compró alcohol para emborrachar a un regimiento y, por supuesto, lo más importante, la compañía femenina. Además –se ofreció uno de ellos-, voy a la farmacia a comprar condones y viagra. Eso, que por viagra no paremos –exteriorizó otro, no sabemos si por hacer una paradoja o ni cuenta se dio de lo dicho.

Oiga, amigo –emitió un susurro al que le tocó el trámite de la contratación nalgueril al caimán-, ¿usted es John El Beatle?

-Pues algunos me dicen así. John porque me llamo Juan y El Beatle porque soy lenón. Queremos contratar a algunas de sus puchachas. –No son puchachas, son mereactrices, porque actúan en la pista de los dos mejores tables dance de Vallarta.

Cuando Juan El Beatle se enteró que era para una fiesta de diputados, fingió demencia. Está usted hablando con el hombre equivocado –en voz alta pensó-, ¿qué tal si me acusan de tratante de blancas? Ah, eso sí –estableció el contratante-, las viejas tienen que ser blancas porque algunos de nosotros somos simpatizantes de los de Acción Juvenil de Jalisco y cuates de Pedro Torreblanca Egell. Luego las pinches prietas parecen del PRD.

El Beatle juntó a las chicas para decirles que les había conseguido una chamba en la fiesta de unos diputados. No mames –prorrumpió Montana, la líder del grupo-, esos güeyes luego no quieren pagar. Cóbrales por adelantado y el doble porque son más pesados que cualquier cabrón.

Cuando las chavas llegaron a la fiesta ya las esperaban con ansias. Luis Alberto Villarreal agarró a Montana y bailó con ella de a cartoncito de cerveza. Al ver al mujerío, José Alfredo Labastida Cuadra, que ya estaba hasta la madre, exclamó: Están todas tan buenas que no sé qué escoger. Yo te enseño –le comentó una güera y se lo llevó a la recámara. Las y los demás brindaron, platicaron, cachondearon; en la sala, en los camastros, en la terraza. Ahí estaban calentando motores: Maximino Othón Zayas, Jorge Iván Villalobos, Martín López.

Una mujer de vestido gris muy entallado habló con El Beatle: Oye Beatle, yo me voy. ¿Por qué? –se sorprende el mánager. Ya pagaron por adelantado, además arreglé que si hay acostón les cuesta 5 mil pesos más. ¿Por qué te quieres ir? Porque a mí me tocó un señor que se apellida Zapata, según esto es buena gente, Perogordo, y tú sabes que con los gordos nomás no la hago. ¡Qué pendeja eres, Nancy! El señor es Zapata y su segundo apellido es Perogordo. Mira, es el canoso aquel de bigotito. No está mal el zorro plateado. Oye ¿y tiene lana? Creo que sí. Creo que va a ser presidente municipal de San Luis Potosí. ¡Guau! ¿Cómo me vería de primera dama?

Los hechos sucedieron el 24 o el 25 de enero, imposible que hayan sido el domingo 26, día en que los panistas viajaron, desde muy temprano, a sus lugares de origen para llegar a casa con tiempo para ir con la familia a misa de 7 u 8 PM.