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Hay esta historia de un doctor Salazar Viniegra que en sus tiempos fuera jefe del Departamento de Salud del presidente Lázaro Cárdenas.

No sé si la recuerdo bien pero diré aquí lo que recuerdo, bajo la condición de recuperarla de mis archivos y contarla bien.

Es la historia de un doctor que, a fuerza de escuchar locas versiones sobre los efectos tóxicos de la mariguana, decidió experimentar, bajo condiciones controladas, los efectos de la hierba. Estamos hablando de los años 30 del siglo pasado.

Reclutó a un grupo de fumadores voluntarios, a los cuales, con alguna frecuencia no demasiado científica, se sumaba él, y procedió a registrar con rigor las consecuencias de fumar esa hierba apestosa capaz de producir las más simples, tontas y compartidas risas de la historia.

La conclusión de Salazar Viniegra fue que los humores de la yerba estaban lejos de ser el peligro violento, criminógeno, sexual y racial, que ya era su fama en México y que empezaba a sembrarse, multiplicada histéricamente, en Estados Unidos.

La versión gringa reforzada era que la yerba enloquecía sexualmente a los negros y provocaba espasmos de violencia incontenible en migrantes mexicanos contra apacibles ciudadanos gringos no fumadores (especialmente mujeres jóvenes y niños).

Salazar Viniegra fue nombrado jefe del Departamento de Salud por el presidente Cárdenas, por ahí de 1934. En esa calidad recibió de Estados Unidos las primeras peticiones formales, no sanitarias sino policiacas, de prohibir la producción y el uso de la yerba.

Al asumir su cargo, Salazar Viniegra recibió el reglamento sanitario recién aprobado, que prohibía el  uso de la mariguana, hasta entonces legal aunque socialmente desprestigiado, como “cosa de sardos” (soldados).

Salazar Viniegra derogó aquel reglamento en lo tocante a la mariguana, pues sus estudios demostraban que la toxicidad de la hierba era trivial. En respuesta, el gobierno estadunidense planteó la amenaza de un embargo de antibióticos a México.

Salazar Viniegra perdió su puesto. El reglamento contra la mota quedó en vigor. Fue la primera piedra de la oprobiosa historia de sangre y crimen que seguiría años después.

Esta semana, los legisladores de México le quitaron un par de comas a la prohibición total que había hecho reír en su tiempo a Salazar Viniegra. La prohibición que queda, lo haría llorar.

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