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Me referí en la columna del lunes pasado al informe más reciente de Lantia, consultora especializada, que dirige Eduardo Guerrero, dedicada al seguimiento y la medición de la violencia mexicana.

El rasgo más preocupante del último informe de Lantia es que en el mes de enero de 2017 se registraron mil 387 ejecuciones en México.

Es el nivel más alto registrado desde el mes de septiembre de 2011, año en que la violencia alcanzó su mayor pico en nuestro país, luego del salto violento en la guerra contra las drogas de 2008.

El año de 2011 tuvo un promedio de mil 314 ejecuciones mensuales. Las mil 387 de enero de 2017 sugieren que este año podríamos superar el infierno de 2011.

El mes de enero de 2017 es el número 11 en número de ejecuciones registradas desde el año 2007. Sus números parecen validar la expectativa de que el sexenio de Peña Nieto pueda ser más mortífero que el de Calderón.

La pregunta central de hoy es la misma de hace años: ¿son necesarios tantos muertos? ¿La abundancia de muertos es el único camino? ¿Hay una estrategia alternativa a la matanza?

Son preguntas que el actual gobierno y los estudiosos del tema no han podido contestar, aunque los dos saben esto: la estrategia seguida no ha disminuido la violencia. Peor: tiende a regresarla a la brutalidad de sus peores años.

¿Hay que seguir haciendo ciegamente lo que se hace o es posible abrir un espacio para discutir lo que estamos haciendo?

Las evidencias académicas que tenemos nos dicen que la estrategia seguida no solo no funciona para contener la violencia, sino que la multiplica.

Hay mediciones de esto último, tan rigurosas como las de las ejecuciones que mide Lantia.

Pregunta: ¿no hay espacio para una conversación de hechos y soluciones sobre la violencia en México?

¿Tendremos que seguir a ciegas en el mismo camino cuando hemos generado información suficiente para medir y saber lo que hacemos?

¿Esta ceguera voluntaria sobre la violencia en México, ha de seguir ciegamente? ¿La respuesta es meter más las fuerzas armadas a la matanza?

Mi creencia: ceguera voluntaria.

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