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Por razones de la brega política, que poco o nada tenían que ver con la cabal historia, las ideas y la personalidad de Hidalgo, el padre de la patria fue inventado por sus herederos como un precursor de la República, luego como un adelantado de la causa liberal y, a la hora de la guerra de intervención, como el padre de inspiración violenta y sin cuartel que necesitaba la nación en riesgo. (Ver esta columna 13 y 14 de septiembre pasados)

Mientras su efigie crece, reinventada y útil, se desvanece la de Agustín de Iturbide como autor de la Independencia. El cura Hidalgo gana después de muerto batallas que no dio. Su nombre va bautizando plazas, pueblos y aún estados nuevos de la República.

Triunfante la República sobre el Imperio de Maximiliano, Ignacio Manuel Altamirano cuaja la siguiente renovación simbólica del ya invencible cura de Dolores.

Mediante dos discursos de Altamirano, dice O’Gorman, “le llegó a Hidalgo su consagración más alta como divinidad rectora de la patria”. Ahí “se fraguó el ídolo”:

“Cargado el acento geriátrico y enterrado el mensaje de odio, vemos ascender a Hidalgo, entre guirnaldas e incienso, a los altares cívicos de la advocación del Divino anciano. Fue su mocedad, dice el orador, entrega a la ciencia y a la belleza. Cautivó en la madurez el campo y la artesanía, y tocado de la mano del destino, ya anciano engendró a la patria con su inmenso amor de ciudadano, legislador y mártir. Sólo con idolatría, concluye Altamirano, se paga a Hidalgo”.

Idolatría es la que siguió y sigue hasta ahora. Pero le faltaba a Hidalgo el rasgo que necesitaba para seguir su curso de héroe inexorable, rumbo al siglo XX.

Fue el rasgo que le puso Justo Sierra al decir, en las postrimerías del porfiriato, que lo importante de Hidalgo era que su revolución había sido “eminentemente social”.

Concluye O’Gorman: “Ya algo de eso se había dicho, pero no así, ni en momento tan preñado, como que ya estaba en puertas la revolución maderista. He aquí el germen del nuevo Hidalgo, el de nuestros días, el profético precursor del programa revolucionario”: El inspirador de la Revolución Mexicana.

(Cito del discurso de recepción de O’Gorman a la Academia de la Historia, 3/9/1964 : nexos.com.mx https://bit.ly/2NYCWTc: “Hidalgo en la historia”)