Minuto a Minuto

Nacional IMSS investiga muerte de cinco recién nacidos en Durango
Autoridades de la delegación estatal y del nivel central supervisarán las investigaciones y el desarrollo del caso
Nacional Hombre sufre quemaduras graves tras descarga cerca del Metro Cuauhtémoc
El STC aclaró que que, según el testimonio del afectado, la descarga ocurrió en el exterior de la red de transporte
Nacional ‘El Pachangas’, alumno del Cetis 33 de Azcapotzalco asesinado
El alumno asesinado frente al Cetis 33 de Azcapotzalco fue identificado como 'el Pachangas'. En redes sociales se lucía con un arma de fuego
Internacional Trump encarará a la ONU entre guerra contra Irán y diplomacia
El conflicto, lanzado en enero por Estados Unidos e Israel, está a punto de cumplir siete meses sin haber alcanzado su objetivo
Entretenimiento “Hay Alejandra para mucho tiempo”, afirma ‘la Guzmán’ tras lesión en la cadera
Alejandra Guzmán anunció también la presentación de una demanda contra un médico que la lastimó mientras estaba en el hospital

Hay que celebrar la firmeza con que el gobierno de España asumió sus facultades legales para contener la declaración de independencia de Cataluña.

Hay que celebrar también la prudencia con que decidió ejercer el hasta ahora inédito artículo 155 de su Constitución.

Hay que celebrar, sobre todo, que la pieza central de la intervención sea una convocatoria a elecciones en el lapso más corto posible, para el 21 de diciembre venidero.

Esto pone en el centro de la intervención del gobierno español no a los interventores, sino a los ciudadanos de Cataluña que podrán decidir, en elecciones democráticas garantizadas, quién quiere que les gobierne.

No está dicho que perderá esas elecciones la coalición separatista ni que las ganará. Lo que está dicho es que serán los catalanes todos, no solo los independentistas, quienes decidirán la suerte de Cataluña.

La intervención es una medida de fuerza, pero su espíritu y su puerta de salida no son fundamentalmente coercitivos, sino democráticos.

Confieso que no esperaba tanto del gobierno de Rajoy. Ha encontrado una salida democrática, valga la redundancia, para la crisis de la democracia española. Una salida que en ningún caso, creo, será el inmovilismo o la imposición legal del statu quo.

De ganar las elecciones de diciembre la coalición independentista, España toda tendrá que abrirse a la consideración institucional de la separación de Cataluña.

Si gana la coalición no separatista, será inevitable que se abra una renegociación de las relaciones de Cataluña con España, cuyas consecuencias podrían ser una revisión del pacto fundacional de la democracia española: una evolución constitucional.

Una encuesta reciente de Metroscopía revela que 51 por ciento de los habitantes de Cataluña quiere seguir siendo parte de España; 46 por ciento quisiera esto mismo pero con una ampliación de las competencias autonómicas. Un 29 por ciento quiere la independencia a toda costa. Y solo un 19 por ciento quiere que las cosas sigan como están.

Son cifras consistentes con el hecho de que, en el reino de las emociones, 46 por ciento de los habitantes de Cataluña se siente a la vez catalán y español, 19 por ciento solo catalán y 3 por ciento solo español (http://bit.ly/1stpnNy).

Se diría que España está empezando en Cataluña un viaje largo de revisión de su pacto constituyente de 1976, el más afortunado de su historia.

[email protected]