(Segunda y última parte)

Para mayor comprensión de cómo surgió, se desarrolló y llegó al momento actual la clase media, saqué del librero una publicación del sociólogo Gabriel Careaga (1941-2004), titulada “Mitos y fantasías de la clase media en México”, donde hace una exhaustiva exposición del proceso mediante el cual es posible explicarnos el pensamiento y el proceder de esta fracción social en cuya ideología, en opinión de Careaga, “se encontrarán ideas religiosas, morales, sociales, económicas (…) producto de una historia extraña, de simulación y de ocultamiento”.

En la entrega anterior, me referí al nacimiento de la precitada clase social durante la colonia (Siglo XVI). Ésta fue conformada, principalmente, por los criollos que se vieron desplazados por los peninsulares. Posteriormente, a partir de la caída de Santana en 1855, surgió una clase media intelectual y nacionalista, cuyo pensamiento liberal hizo posible la Constitución de 1857, la promulgación de las Leyes de Reforma y el triunfo de la República sobre el Imperio.

El autor del libro considera “las tesis que los sociólogos han denominado ‘alternativas’. En éstas, la clase media sería, en una primera etapa, un grupo que apoya los cambios sociales, pero en una segunda etapa, ya satisfechas sus aspiraciones, se aliaría con sectores tradicionales que de ningún modo están a favor del cambio social”.

Los liberales del siglo XIX, con la creación de la Escuela Nacional Preparatoria, impusieron la educación positivista que inculcó la idea de que ‘no hay orden sin progreso ni progreso sin orden’, “filosofía que tuvo éxito entre la incipiente clase media porque le permitía desarrollarse sin conflictos y sin violencias” Esta creencia fue uno de los importantes instrumentos ideológicos que sostuvo a la dictadura porfirista.

A partir de la Revolución, la clase media empieza a tener un peso importante en la vida nacional. “En los gobiernos de Calles y Cárdenas es cuando el desarrollo económico (…) hace posible la creación de todo un sistema de organización que va a necesitar de ejecutivos, empleados, secretarias, administradores, técnicos, estudiantes, líderes, intelectuales, profesionistas de todos los niveles (…) A partir de la política económica que crea obras de infraestructura la clase media se consolida creando y desarrollando una ideología conformista y reformista”. Las características de su ideología surge de la falta de asertividad en las relaciones humanas, del que dirán, de los prejuicios religiosos y raciales; de la hipocresía y la apariencia.

Durante el régimen de Miguel Alemán aparece en la clase media la mentalidad colonizada por Estados Unidos; le parece “asombrosa y admirable la eficiencia, la limpieza, la riqueza de ese país, sin preguntarse jamás a qué se debe esa riqueza, y por qué nosotros somos pobres y ellos ricos. La clase media desconoce la historia de ellos y la nuestra, de ahí sus fáciles e irresponsables generalizaciones entre Estados Unidos y México”.

En la segunda mitad del siglo XX las familias mexicanas de clase media, persuadidas por los medios de comunicación, comienzan a vivir la fantasía de que la vida es un bonito comercial. Les importa más tener que ser. Son ignorantes y apáticos al acontecer político y, pese a eso, esperan todo del gobierno. Ante esta actitud se antepone la de la clase media ilustrada la que sabe de su responsabilidad histórica y que no quiere vivir bajo el yugo del autoritarismo; la que desea un país democrático, justo, seguro y humanitario.

El espacio apremia sin que haya podido rebatir cabalmente el menosprecio con el que, según mi percepción, el presidente López Obrador ha tratado en los últimos meses a la inefable clase media: resultado de un proceso histórico-social que el mandatario debería de saber y comprender y no desdeñarla y llamarla aspiracionista de manera peyorativa.

Si AMLO es congruente y ha vivido en la proclamada “justa medianía” significa que él pertenece a la clase media y, ¿si ha sido tres veces candidato a la presidencia de la República, no es aspiracionista?