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El sistema tributario tiene mucho margen de maniobra para equilibrar las cargas impositivas y simplificar la tributación. Pero la oportunidad para meterse con gravámenes como el IVA es prácticamente inexistente.

Es como un llamado en 
el desierto lo dicho por 
Guillermo Ortiz Martínez, exsecretario de Hacienda y exgobernador del Banco de México, quien considera muy prudente para la economía mexicana llevar a cabo una reforma fiscal.

Propone homologar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y simplificar el pago de los impuestos porque a su parecer y, de muchos más, el Código Fiscal de la Federación es una pesadilla.

Además este financiero propone gravar las herencias. Sería bueno saber si tenía a algún exjefe en sus pensamientos para hacer esta propuesta.

Político como es, Ortiz 
Martínez no pierde de vista la imposibilidad de que durante esta administración se pueda meter mano al tema fiscal, pero no desaprovecha para dejar este tema flotando.

El gobierno federal se amarró solito las manos tras el paquetazo fiscal del 2013 y prometió no volver a molestar a los contribuyentes ni con el pétalo de una iniciativa tributaria.

Y en el Congreso no tienen más cabeza que no sea para pensar en la próxima sucesión presidencial y los puestos que le acompañan para la elección del 2018.

Tanto así que ya quedó de-sechado un periodo extraordinario para atender temas de vital importancia como los de la participación de las Fuerzas Armadas en las tareas de seguridad pública y las del Mando Único o Mixto de las policías. Nada que urja a quien tiene escoltas y autos blindados.

En materia fiscal lo que hoy está vigente es un marco complejo, de alto costo para las clases medias y que además se erige como uno de los focos de molestia entre los contribuyentes y votantes.

La última reforma fiscal, que entró en vigor en el 2014, fue producto de la negociación política de este gobierno cuando tenía esa fuerza en el marco del Pacto por México. Fue la concesión a la izquierda ante su oposición del acuerdo energético con el PAN.

Legisladores del PRD y muchos que ahora comulgan con Morena son los promotores de la reforma fiscal que acabó prácticamente con las deducibilidades y que aumentó las tasas impositivas para las clases medias.

Hay que decir en su beneficio que, gracias a este paquetazo fiscal, el gobierno federal pudo compensar parcialmente la drástica caída en los ingresos petroleros derivada de la baja en los precios y en el descenso de la producción de Pemex.

Es innegable que el sistema tributario mexicano tiene mucho margen de maniobra para equilibrar las cargas impositivas y para simplificar la tributación. Pero también está claro que la ventana de oportunidad para meterse con gravámenes como el IVA es prácticamente inexistente.

De entrada, si triunfa alguna opción populista hay que olvidarnos de la responsabilidad fiscal, pero incluso si quien gana las elecciones es alguien que entienda el valor de la estabilidad, llegaría al poder con tan poco respaldo electoral que sería muy complejo estrenarse con una reforma que tenga que ver con los impuestos.

Por eso es que insistir con el tema para tratar de generar una reflexión sobre los temas tributarios es por ahora lo único posible.