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Si de ponerle fecha al lanzamiento de la candidatura presidencial de Margarita Zavala se tratara, no tomaría el 14 de junio, cuando dijo que quería regresar a Los Pinos, pero ya no como primera dama. Elegiría este miércoles 28 de octubre, con la circulación de la edición de noviembre de Vanity Fair que presenta como personaje de portada a una mujer elegante que afirma que su esposo Felipe Calderón no estará en su war room 2018, y que haber estado seis años en Los Pinos le da una experiencia que nadie más tiene.

Tomo esta fecha porque a diferencia de entonces, Margarita comienza a marcar definiciones, perfilar un discurso, mostrar empaque para el reto formidable que se dispone a enfrentar: ganar millones de voluntades, convertirse en una contendiente de veras y no en una que terminará dejando la escena sin pena ni gloria.

Mucho debe ayudar la espléndida narrativa de la entrevistadora Sabina Berman en el texto de ocho páginas de Vanity Fair para elevar el nivel de las palabras y juicios de Margarita. Porque esta Margarita es mejor. Luego de platicar con ella en junio, escribí aquí que estaba sorprendido por la cantidad de dudas que expresaba. Su discurso era de una timidez insostenible. No pasaba de una reiteración del cansado voltearé a ver a los ciudadanos y recorreré el país para escuchar a la gente.

Advertí que el tiempo actual no parecía ser muy generoso con las ambigüedades y los ambiguos. Con los tímidos. Cinco meses después, moldea un atractivo fraseo sobre un destino de México en manos de las mujeres. Sin meterse en problemas con los 12 años de panismo, subraya que el país requiere de una clase gobernante honesta y capaz. Sin hacerse el haraquiri, cuestiona a la primera dama por un “conflicto de interés” con su casa de Las Lomas. Sin culpar en singular, acusa que la derrota del PAN en 2012 fue porque no supieron vender los beneficios que habían aportado. No es Hillary Clinton aún, no es Merkel, Bachelet, pero es mejor que la Margarita de junio.

Sabina Berman le hace ver que el PAN no muere de amor ni emoción por ella. Ricardo Anaya y la dirigencia dirán que falta todavía para las declaraciones formales. No creo que falte tanto. Aparte del propio Anaya, de quien habrá que ver de qué tamaño realmente es, el PAN carece de cartas como la de Margarita (no veo a Rafael Moreno Valle, político sin discurso, encanto ni tamaño para medirse con los López Obrador, Nuño, Beltrones, Osorio, con El Bronco…).

“Definitivamente, iría con el PAN”, responde Margarita a la inevitable ¿PAN o independiente? Aunque lo que pareciera estar diciendo con su aparición en Vanity Fair es que ya llegó, ya está aquí, la candidata sin igual. Y eso, justamente eso, es lo que tiene que estar diciendo en este momento: que es la hora de Margarita.

Como Fox dijo que había llegado la suya en 1997. Como lo hizo Calderón en 2004.

MENOS DE 140. Yo preferiría no salir nunca en la portada de Vanity Fair: Enrique Alfaro, presidente municipal de Guadalajara.

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