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Las ilegalidades acumuladas en el gobierno anterior están dando paso a una nueva legalidad, toda ella inexplicable sin las ilegalidades previas.

Las ilegalidades acumuladas de que hablo han sido documentadas largamente.

Su motor fue desde el inicio la falta de respeto presidencial por las leyes y por la Constitución que juró cumplir y hacer cumplir, pero que no hizo sino atacar y desobedecer.

El ilegalómetro presidencial es un hipódromo de muchas pistas, pero en todas ellas el puntero fue siempre un presidente que se puso por encima de la ley y actuó por fuera de ella y contra ella, a sabiendas de que su fuero lo hacía inatacable.

Una vez asumido el liderato de la ilegalidad, el ex presidente incurrió en todas las violaciones a la ley que quiso. Nadie pudo pararlo. Sus contrapesos institucionales no podían imponerle sanciones y en cambio él era capaz de usar sus poderes de coacción para desoír, amedrentar, callar o nulificar a sus contrapesos.

Ahí empieza la historia del uso ilegal de recursos del Estado para apoyar al partido en el gobierno, con los 23 mil servidores de la nación, que cobraron seis años en la Secretaría del Bienestar para llevar los programas sociales del presupuesto federal a un padrón de clientelas electorales de Morena.

De ahí nacen las elecciones de Estado que cambiaron el mapa electoral del país, y la conversión de unas mayorías electorales altas en unas mayorías calificadas, capaces de cambiar la Constitución.

De ahí nace el ataque primero y luego la cooptación del Instituto Electoral y del Tribunal Electoral, que otorgaron esas mayorías ilegales y desorbitadas.

De las mayorías desorbitadas nació la posibilidad del plan C, cuyas reformas constitucionales están cambiando el régimen político de México para ponerlo en el camino de una autocracia.

La falta de respeto a la ley, a los recursos interpuestos por jueces y a las normas elementales del proceso parlamentario son rasgos característicos de la nueva mayoría congresional del país. Junto con la exhibición vergonzosa, a cielo abierto, de la compra de los votos que les faltaban para completar la gran galopada ilegal de la que vienen.