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Más de 200 minutos empleó Carlos Slim para exponer los cuatro bloques temáticos abarcó en su tradicional comparecencia anual ante los medios informativos. El presidente de América Movil recién cumplió 85 años de edad y seis décadas de actividades empresariales que lo han llevado a la cúspide, entre los más ricos de Latinoamérica.

En este lapso ha visto pasar una decena de presidentes. Y sin otro afán que hacer valer su experiencia expuso sin petulancias o glorificaciones su versión sobre la edificación de su imperio, que pasó de la consolidación de un grupo financiero a la generación de un ecosistema mediático, trunco por el incumplimiento de la promesa de los permisos para incursionar en la televisión.

Sus relatos sobre el nacimiento de las telecomunicaciones en México, hace casi 150 años, o de la mexicanización de Telmex por las gestiones de los empresarios Elloy Vallinas y Carlos Trouyet (de innegable origen español) no tienen desperdicio. Tampoco, su implacable juicio (reprobatorio, desde luego) a los comisionados del IFT, o su encrespada réplica a ¿Por qué fracasan los países?, la obra por la que Daron Acemoglu y James A. Robinson obtuvieron el Premio Nobel de Economía en el 2024.

Los asuntos coyunturales, lastimosamente, dominaron los cuatro bloques de las preguntas que siguieron a las exposiciones del magnate. Los planes de Elon Musk por colonizar Marte —que merecieron una sutil revancha por los comentarios del dueño de X en esa red social— o las escaramuzas comerciales de Donald Trump motivaron expresiones contundentes del ingeniero. Allí quedan también su testimonio sobre el trabajo de su fundación para promover la salud entre los grupos vulnerables y su vehemente respaldo a la política económica de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Comprometido con el presente y el futuro de México, Carlos Slim aseguró estar “muy optimista” a pesar de las condiciones extremas en la geopolítica. “Si tenemos estabilidad, si cuidamos la inflación y la macroeconomía está estable, el futuro puede ser muy bueno”, definió.

Su breviario de la historia económica del país en el siglo XX tiene un punto de inflexión: el milagro mexicano registró un promedio de crecimiento del PIB —cada año— del 6%, pero desde 1982 ha sido del 2% y desde el 2000, de apenas 1.5% anual, “a pesar de haber tenido excelentes tecnócratas”. En ese lapso, remarcó, ocurrieron 14 reformas fiscales. Y nada bueno dejaron…

“Se necesita inversión, inversión y más inversión”, sintetizó. Y para lograr que el país crezca y se desarrolle, debe ser superior al 25% del Producto Interno Bruto. “Debemos invertir entre 25 y 28%, de ser posible este año, eso es lo que nos va a dar desarrollo económico”, planteó.

En México, la recaudación tributaria cubre la política social, el pago de la deuda y el gasto operativo del gobierno federal. ¿La inversión privada, nacional y extranjera, podrían financiar el plan nacional de desarrollo? “Depende en qué se invierte para ver el resultado que se tiene”, atajó Carlos Slim.

Los cambios en la legislación que norma el sector energético, Grupo Carso ha enfilado hacia proyectos de asociación con Pemex y CFE, aunque ayer puso en pausa una de las grandes apuestas sexenales: el proyecto de gas natural en Lakach. “Este proyecto está en proceso, es un proyecto complicado, nuestro interés va a depender sobre qué resulte de esta evaluación porque es instalar tubería a 900 metros de profundidad de agua y sacar gas”, atajó.

En cambio, extenderá su participación en la red de autopistas concesionadas. Del plan para recuperar los ferrocarriles de pasajeros, manifestó sus reservas. El único viable, juzgó, es el tren México-Querétaro.