Minuto a Minuto

Nacional El huracán ‘Simon’ baja a categoría 1 y Marina mantiene restricciones a la navegación en tres estados
De acuerdo con el reporte de las 10:00 horas de este jueves, 'Simon' mantendrá un desplazamiento errático durante las siguientes 36 horas
Nacional Racismo digital en México pasa del “chiste” a la “confrontación”
Organizaciones civiles señalan que gran parte del racismo circula en redes sociales como una broma, pero termina convirtiéndose en una "referencia cultural"
Nacional Detienen en CDMX a dos sujetos en posesión de 221 paquetes de droga
Se presume que ambos detenidos forman parte de una célula dedicada a la venta y distribución de droga en la CDMX
Nacional Turistas internacionales gastan 8.1% más en México
Entre los turistas, el gasto promedio fue de 573.3 dólares, pero quienes llegaron por vía aérea gastaron una media de mil 269.6 dólares
Internacional Vuelo de Air India aterriza de emergencia por amenaza de secuestro
Un avión de Air India con 306 pasajeros aterrizó de emergencia tras emitir una alerta de seguridad relacionada con un posible secuestro

Hace mucho tiempo que el narcotráfico es el origen, pero no la causa mayor de la violencia y de la inseguridad en México.

Todo nace del narco, pero no todo vuelve a él.

Desde que se puso en práctica la estrategia de cazar capos y descabezar cárteles, en la primera década del siglo, hubo consecuencias no buscadas.

Se creó el peor de los mundos: cárteles fuertes y grandes, blindados contra el poder del Estado, como Sinaloa y Jalisco, y un archipiélago de quizá 200 bandas, repartidas por todo el territorio, dedicadas no al tráfico de drogas, sino a la extorsión de sus comunidades.

Apareció un negocio enorme, vecino del narcotráfico: el cobro de derecho de piso a personas, gobiernos, negocios, mercados, oficios, empresas y hasta iglesias y peregrinaciones.

Floreció el negocio de la trata de migrantes, todo incluido: transporte, extorsión, leva criminal y masacres.

Creció el negocio de la trata de blancas y el secuestro de muchachitas, oficialmente registradas como “desaparecidas”, para entregarlas a la prostitución.

Surgió el control y la fijación de precios de mercados regionales: aguacate, pollo, madera, pesca, minerales, y hasta nichos de tráfico de animales exóticos y especies protegidas.

Floreció la ordeña de ductos de gasolina y combustibles, el llamado huachicol.

Apareció un país de pueblos, comunidades, ciudades, puertos y caminos capturados por bandas violentas, que mandan sobre gobiernos y policías locales, deciden elecciones, y son dueños de vidas y haciendas.

Frente a esa geografía criminal, el narcotráfico de antes parece un sueño de paz, y la amenaza del fentanilo, una ocurrencia marginal del gran menú mexicano de extorsión, tráfico, homicidio y desaparición de personas.

Se antojaría, otra ocurrencia marginal, que el gobierno de allá y el de acá pactaran una seria colaboración de ida y vuelta:

De acá para allá, para contener el tráfico de drogas que los envenena, en especial el fentanilo.

De allá para acá, para contener el crimen que nos ahoga, incluido el fentanilo.

La cruda verdad es esta: ni nosotros haremos el trabajo por ellos, ni ellos por nosotros.