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La cultura occidental sigue siendo griega: cultura de la palabra y la gloria. Como en la Ilíada y la Odisea, sigue premiando a quienes más prometen y convencen; los más fuertes, veloces y exitosos. Nuestro mundo abreva todavía de esos dos libros.

Escribe Machado en Proverbios y cantares:

¡Ah, cuando yo era niño soñaba con los héroes de la Iliada! Ayax era más fuerte que Diomedes; Héctor, más fuerte que Ayax, y Aquiles, el más fuerte; porque era el más fuerte.

Con su propensión por Aquiles en la Ilíada, Machado recompensa al modelo de héroe que busca la fama y actúa de manera espectacular, para ser recordado a su muerte. El nombre, el recuerdo: ese es Aquiles, obsesionado por el honor, la valentía, el compromiso.

Los dioses le dan a escoger entre una vida larga y tranquila, rodeado de pan, vino, tardes de sol; y otra de guerras y sacrificio, aunque las profecías anuncian que no volverá: Aquiles escoge ser un muerto joven y que lo recuerden en la gloria.

Es el arquetipo del héroe que busca la recompensa de morir a tiempo. “Tuvo la buena ocurrencia de morirse joven”, dice en La caída, de Camus, el abogado Jean-Baptiste Clamence, que alcanza la cima de su carrera y parece tenerlo todo.

El propio Camus fue un héroe que murió joven, a los 47 años, apenas tres después de haber ganado el Premio Nobel de Literatura. Camus, al igual que Aquiles, era el héroe insatisfecho y comprometido con el ideal del éxito.

Para mí, es más atractivo el arquetipo de héroe que representa Ulises en la Odisea: en lugar de una vida corta pero llena de brillo, Ulises es un héroe viajero de larga existencia y, más que por su valentía, se caracteriza por su inteligencia.

No sólo vence monstruos (Polifemo, Escila), también la tentación del sexo. Sí, hace el amor junto a las adelfas de la costa y el azul profundo del mediterráneo con diosas hermosas (Circe, Calipso), aunque puede dejarlas para seguir camino a casa.

Ulises es más humano: siente nostalgia por volver a Ítaca, pero saca tiempo para refocilarse en la ruta. Bebe, tiene mujeres, vive aventuras fabulosas. “No apresures nunca el viaje”: Cavafis. “Importa más el camino que la posada”: El Quijote.

A Ulises, la voluptuosa Calipso le propone convertirlo en un dios y vivir por siempre, entre el deleite del sexo y las carnes firmes. Pero retorna al pedazo de roca del mediterráneo donde vive, para encontrarse con su mujer, Penélope, ya en edad de la menopausia.

Aquiles se sacrifica fuerte, joven y obtiene la gloria. Ulises vence y llega a viejo, pero nadie lo reconoce al llegar a puerto.

Dos versiones de una misma muerte.