La costumbre de quedarse en el camino

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José Luis CuevasBalón al óleo

En los últimos 15 años, las categorías inferiores de nuestra Selección han alcanzado el estatus prohibido en el más alto nivel

En el futbol como en el deporte mismo, ganar lo es todo. No obstante, cuando se trata de categorías formativas, el éxito, la conquista de la gloria a tan corta edad puede ser  nocivo, sobre todo cuando los resultados iniciales carecen de evolución, cuando parecemos condenados a justificar el fracaso, como si la tragedia fuera parte de nuestro ADN.

 

 

En los últimos 15 años, las categorías inferiores de nuestra Selección han alcanzado el estatus prohibido en el más alto nivel, si bien es cierto los mundiales Sub-17, Sub-20 y los Juegos Olímpicos no establecen la jerarquía de lo que tendría que pasar en una Selección Absoluta, al menos tendrían que fungir como indicador de un futuro próximo.

El sub-17 llega al Sub-20, quizá alcance Juegos Olímpicos y el (futbolista) Olímpico sin problema alguna pueda estar dos años después jugando una Copa del Mundo.

Los grandes futbolistas no han brillado precisamente en mundiales sub-17, la expectativa sobre la calidad de un futbolista suele ser más precisa a los 20 años, sin embargo, el antecedente infantil tendría que sumar en el presente juvenil.

 

 

Lo logrado el pasado fin de semana en Brasil parece poco, un subcampeonato ya no sorprende, y es que al menos en sub-17 si podemos levantar la mano y erigirnos como potencia mundial.

Algo estamos haciendo mal si nuestro limite es conquistar la gloria antes de si quiera debutar, ¿cuánto puede pesar conquistar una copa del mundo para un joven que aún no existe ni para un tercer equipo?, ahí, parte del estancamiento que no queremos explicar, una pausa que con el paso del tiempo se convierte en retroceso.

Estoy claro que en México se trabaja bien en la formación de futbolistas, las bases, la escuela y el espíritu combativo está, no obstante, es el éxito poco asimilado, la inactividad y la falta de minutos la que llena de desconfianza al chico que ya alcanzó su límite en su categoría, tener 17 años, ser campeón del mundo y “perder el piso” o bien “no tener la confianza” del entrenador del primer equipo, supone el mismo grado de estancamiento para el prodigio posible.

Llevamos 15 años encontrando resultados en categorías inferiores, tenemos una eternidad entregándole la confianza a  los extranjeros, esos -donde la mayoría- llegan mediante negocios turbios, donde directivos y representantes hacen su agosto, mientras el joven busca salida, incluso no faltan los que muestran poca resiliencia y apuntan al retiro, de igual forma a sus 17 años, ya llegaron a su límite, ya son campeones o bien, subcampeones del mundo.

 

 

P.D. La Liga MX es ese lugar donde se le espera al extranjero, mientras se le exige al canterano, que un joven juegue en primera parece un sacrificio para los directivos y supone una oportunidad para el campeón del mundo, ese que sigue corriendo el riesgo de quedarse en el camino.


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