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El gobierno entrante está en esa transición de dejar los métodos opositores de la manifestación en la plaza pública y la obligación de aprender a tomar decisiones como cabeza de un gobierno. Han elegido un tema tan técnico y complejo como la construcción de un nuevo aeropuerto como su salón de clases.

Los métodos de asamblea popular que usan para lidiar con el enredo en el que se metieron con el tema de la terminal aérea tienen muy poco que ver con la necesidad de tomar una decisión informada.

La asamblea popular y la consulta abierta son muy útiles para prevenir reacciones sociales adversas cuando los temas son comprensibles para los participantes, pero este acompañamiento ciudadano que ha decidido el gobierno de transición tiene muy poco que ver con un equipo técnico capacitado para una decisión de estas características.

La consulta de la construcción del nuevo aeropuerto no es un triunfo del asambleísmo popular, es un acercamiento a un primer fracaso de gobierno por la poca información disponible.

La información de la que se hacen acompañar es, por decir lo menos, engañosa.

El propio presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, promueve un supuesto estudio en el que asegura que la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) avala la construcción de dos pistas en la base aérea de Santa Lucía para que conviva con el actual aeropuerto internacional de México y con la terminal aérea de Toluca.

Tal estudio simplemente no existe. Es falso, es un engaño, es una mentira.

Hay un documento de la OACI en el que menciona de manera circunstancial esa instalación aérea militar y de hecho la descalifica como alternativa.

Algo que no ha informado el gobierno de transición al entusiasta pueblo bueno, que ha tomado Santa Lucía como una bandera ideológica, es que requeriría de expropiaciones de tierra cercana para completar un aeropuerto comercial.

Estamos en la antesala de un ejercicio democrático fallido. Porque toda esa ilusión que tienen los grupos de lucha social de inaugurar una nueva era de decisiones del pueblo y para el pueblo en la cuarta transformación se hará sin conocimiento suficiente y con información falsa.

No se trata sólo de un ejercicio mal llevado, desinformado. Lo peor es que es una consulta manipulada en la que se ha presentado la alternativa de Santa Lucía como la opción del pueblo bueno, contra la opción fifí de Texcoco.

Sin pudor, los futuros funcionarios públicos, incluido el propio presidente Andrés Manuel López Obrador, se han dedicado a hacer una campaña abierta a favor de Santa Lucía, en la que hay poca información y un uso intensivo del discurso de lucha de clases.

El informe de la OACI claramente se inclina por Texcoco como la opción técnica más viable para sustituir al actual aeropuerto de la Ciudad de México. Tiene este documento, junto con los otros existentes, elementos suficientes como para tomar la decisión política de mantener la construcción del nuevo aeropuerto en marcha.

Pero en este proceso de aprendizaje de pasar de la plaza a la conducción de un país, se tomó la decisión de usar el tema de alta complejidad técnica, de enormes implosiones financieras y hasta de calificaciones crediticias, como materia prima de una consulta popular.

¿Tren Maya, refinerías, no exportar petróleo, crear la Secretaría de Seguridad Pública, un museo en Los Pinos, en fin?

La discrecionalidad de la elección del tema habla del uso político del mismo. Pero no hay duda de que se tomó un asunto que compete a los expertos, no a los entusiastas del mitin que fueron elegidos para acompañar la consulta.