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Por lo que dice en su libro Juntos hicimos historia sobre Enrique Krauze, la diputada Tathiana Clouthier se tragó la patraña de que el historiador y ensayista participó en una conspiración para tratar de impedir que Andrés Manuel López Obrador ganara la Presidencia.

Se presume —tuvo el pudor de tamizar— que Agustín Coppel se reunió con Enrique Krauze para encargarle que prepararan contenidos intelectuales más refinados. La encomienda le fue asignada a Fernando García Ramírez, columnista de El Financiero y miembro del consejo editorial de Letras Libres, publicación dirigida por Enrique Krauze (…). La participación de García Ramírez, personero de Krauze, y quien de acuerdo con los que nos informaron, terminaría participando como asesor en el war room de Ricardo Anaya (…), consistiría en preparar las investigaciones especiales contra López Obrador y su círculo cercano…”.

El autor de la intriga contra el escritor (director también de Editorial Clío) se llama Ricardo Sevilla Gutiérrez quien ayer, en el portal Aristegui Noticias, en vez de documentar la solidez de su insidia, publicó un texto en el que se autorretrata como despreciable mercenario de la tecla.

Sostiene: “en octubre de 2016 fui reclutado por Enrique Krauze, director de Letras Libres y pagado por Coppel (…). Desde que elaboré mi primera factura de pago, en enero de 2017, mi contacto con Coppel sería a través de Leticia Gámez, enlace administrativo de la firma Colección Isabel y Agustín Coppel. El operador de Enrique Krauze, Fernando García Ramírez, sería el encargado de ponerme en contacto con ella…”.

Krauze salió al paso ayer mismo con Ciro Gómez Leyva para decir que ni siquiera conoce a su calumniador. Y de lo que sea para lo que se haya prestado ese individuo, pintó su raya: “Ese equipo no es mío, ese equipo lo hizo Fernando García Ramírez. Es mi amigo, en efecto. Fue mi colaborador hasta 2016. Nunca maquiné nada contra López Obrador que no sea lo que he escrito en mis ensayos de 2015 para acá. No intervine en absoluto ni en la configuración ni en el trabajo en ese grupo. No existe ni va a existir nada que implique que yo trabajé, colaboré y mucho menos maquiné o ideé nada que no sea mi trabajo profesional. Desde el 68, Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas, siempre fui un crítico (…) contra el sistema político mexicano opresivo que vivíamos”, como lo fue, sin duda, de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

El excrementicio incidente fue tema en la mañanera de López Obrador, quien dijo de Krauze: “Tiene una postura política, no precisamente afín a la nuestra pero merece todo nuestro respeto”. Y le puso jiribilla: “Lo que estamos buscando es que el Estado ya no proteja a escritores, que no haya intelectuales orgánicos, es decir, que si los conservadores quieren tener a sus ideólogos, que ellos los financien, que no sea el Estado”.

Serio trance para las letras libres…