La conquista del aire por los mexicanos

EnriqueOrtiz

Enrique Ortiz GarcíaTlahtoani Cuauhtemoc

Gran cantidad de inventos, planos e ilustraciones serían realizados buscando concretar ese sueño, el cual tardaría siglos en realizarse

Desde los tiempo de los antiguos griegos y romanos, pasando por el Medievo y el Renacimiento, los hombres soñaron con elevarse de la tierra y surcar los cielos imitando el vuelo de las aves.

“La conquista del aire por el hombre” por Juan O´Gorman.

 

Gran cantidad de inventos, planos e ilustraciones serían realizados buscando concretar ese sueño, el cual tardaría siglos en realizarse. Llegaría el año de 1782, cuando los hermanos Joseph Michel y Jacques Étienne Montgolfier realizarían los primeros experimentos utilizando globos aeroestáticos de lino y de seda, elevándolos por los aires ante la mirada atónita de los espectadores.

Al siguiente año, los dos hermanos franceses realizarían su primera demostración pública, logrando que una bolsa esférica de lino de 226 kilos se elevara 2 km por 10 minutos gracias al aire caliente que la insuflaba. Al parecer la idea de elevar bolsas y “primitivos” globos aeroestáticos estaba en la mente de varios franceses pues en ese mismo año, 1783, el Marqués DArlandes y Pilatre de Rozier realizaron el primer viaje aéreo tripulado por humanos, volando en la barquilla de un globo aeroestático sobre París entre 25 y 30 minutos.

La hazaña causó furor entre los parisinos, estimulando la imaginación de los militares que decidieron utilizar los artefactos voladores en los campos de batalla. Para aquellos años los revolucionarios franceses defendían desesperadamente sus fronteras de las incursiones de las monarquías europeas que buscaban impedir que la llama revolucionaria se esparciera por Europa, y con un poco de suerte lograr la liberación de la familia real encabezada por el rey Luis XVI.

El 26 de junio de 1794, los ejércitos revolucionarios franceses al mando del general Jourdan combatieron a las fuerzas austro-holandesas en el territorio de la actual Bélgica. En dicho enfrentamiento se utilizaron por primera vez los globos aeroestáticos como puntos de observación de las tropas enemigas. Esta innovación tecnológica fue de suma importancia para que los galos obtuvieran la victoria en esa jornada.

Para 1794 se creó la 1era compañía de aeroestáticos del ejército francés, el primero cuerpo militar de observación mediante el uso de globos en el mundo. Al mando de esta unidad estuvo el científico Jean Marie Joseph Coutelle, quien dirigió a sus globos aeroestáticos y tripulaciones en las batallas de Maguncia (1795), Wurzburg (1796; en el museo militar de Viena se puede ver todavía el globo que capturaron ese día los austriacos a los franceses, llamado Intrepide), incluso en la expedición a Egipto que realizó Napoleón Bonaparte en 1798.

Al siguiente año la compañía sería disuelta. Existen testimonios del ejército francés en el cual afirman que el 26 de junio de 1794 el globo llamado Entreprenant se mantuvo a flote durante nueve horas mediante hidrógeno, durante las cuales el propio Coutelle y el general Morlot tomaron notas sobre los movimientos del ejército austriaco.

Globo aeroestático sobre la Avenida Juárez, CDMX.

 

En México los aeronautas comenzaron su larga historia de la mano de José María Alfaro, quien fue el primer hombre del continente americano en elevarse por los cielos utilizando un globo. La mañana del 18 de mayo de 1784 el globo de tela empezó a elevarse por los aires debido al aire caliente que contenía, con su inventor en la barquilla. Despegó desde la llanura de Berros en Xalapa, Veracruz, ciudad natal del ingeniero e inventor, y llegó a Coatepec después de recorrer nueve kilómetros a una altura de 800 metros.

La población lo recibió con aplausos y convites cuando aterrizó. Es evidente que las noticias llegaban rápidamente desde Europa a la Nueva España ya que este logró del xalapeño se dio 6 meses después del primer vuelo tripulado en un globo en Paris.

El guanajuatense Benito León Acosta seguiría los pasos de Alfaro al lograr su ascensión utilizando un globo aeroestático el 3 de abril de 1842 en la plaza de toros de San Pablo, ubicada en el antiguo barrio de La Merced, en la parcialidad de Teopan.

Al evento asistió el presidente de México, Antonio López de Santa Anna, quien al ver cómo se elevaba el artefacto esférico por los aires se unió al mar de aplausos que inundaron el coso taurino. El mandatario quedó tan impresionado que a León Acosta le otorgó la concesión de “ser el único que pudiera realizar ascensiones en el territorio mexicano o en su defecto, ser el responsable para dar autorizaciones a otros aeronautas para que las efectuaran durante 3 años”.

El 5 de abril del mismo año fue llamado por “su alteza serenísima” el primer aeronauta mexicano.

El guanajuatense de 23 años adquirió tanta fama que incluso abandonó sus estudios en el Colegio de Minería, dedicando todo su tiempo a la construcción y experimentación de globos aeroestáticos, como también realizando ascensiones a lo largo del territorio nacional.

Destacó el vuelo que realizó desde Silao el 26 de febrero de 1843 con destino a la presa de la Olla en su ciudad natal, Guanajuato capital. Una gran multitud se reunió en el lugar de aterrizaje, llevando banderas, botellas de vino y otras bebidas, viandas, sillas y mesas. Para su mala suerte el viento envió al globo de León Acosta hacía la sierra San Luis Potosí, donde León tuvo que deslizarse por una cuerda para descender de su globo, el cual era imposible de controlar.

El valiente aeronauta solamente sufrió algunos golpes menores y rasguños. Para su fortuna cuando caminaba de regreso a Guanajuato lo encontraron una partida de jinetes que habían sido despachados en su búsqueda. Su globo terminó por descender en la población de Río Verde, en el estado de San Luis Potosí. Grandes fueron las hazañas de León Acosta, las mismas que inspiraron al más aeronauta más famoso de estas tierras: Joaquín de la Cantolla, quien entraría en escena a partir de 1862 con sus famosos globos aeroestáticos Moctezuma I, Moctezuma II y el famoso Vulcano de más de 20 metros de alto, con sus flecos dorados y cuatro águilas “imperiales” decorando sus lados. De la Cantolla nació en la Ciudad de México en 1829, teniendo como padre al español Juan de la Cantolla nacido en Cantabria, y como madre a Soledad Rico.

Realizó estudios en el Colegio Militar de Chapultepec, existiendo afirmaciones que incluso participó en la defensa de la heroica institución ante el embate del ejército invasor norteamericano el 13 de septiembre de 1847.

En algún momento de su juventud perdería uno de sus ojos al sufrir un accidente al estar manipulando pólvora, por lo que se dio de baja de las fuerzas militares y empezó a trabajar como un sencillo telegrafista de la capital.

A pesar de estas vicisitudes, Joaquín no dejaba de soñar en construir y tripular uno de los famosos globos aeroestáticos que ya surcaban los cielos mexicanos. En 1857 llegó a la capital el norteamericano Samuel Wilson, quien afirmaba que con su gigantesco globo había volado de Nueva York a San Francisco ida y vuelta. Wilson anunció que realizaría 5 ascensiones en la misma cantidad de días, pero necesitaba fondos para realizar la hazaña.

Era tanta la emoción que se respiraba en la capital que el mismo presidente Ignacio Comonfort lo financió. Samuel Wilson cumplió lo prometido ante la mirada atónita de los capitalinos, entre ellos el propio de la Cantolla, quien trabó buena amistad con el norteamericano y su equipo tratando de aprender lo más posible sobre la construcción de los globos aeroestáticos.

El mexicano utilizó manta para construir su primera mongolfiera llamada Moctezuma I. También desarrolló un sistema para regular la combustión del alcohol que utilizaba para generar el aire caliente necesario para elevar sus globos por el aire. El mecanismo fue examinado y aprobado por ingenieros del Colegio de Minería en 1877.

Grabado de José Guadalupe Posada de Joaquín de la Cantolla y Rico.

 

Don Joaquín cobró fama al realizar ascensiones en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México, en San Jacinto, Texcoco, Guanajuato, Xalapa y muchas ciudades más.

Era común que vistiera un traje charro con botonadura de plata, sombreros de copa alta y trajes de tres piezas, cuando realizaba sus vuelos.

Lo que nunca podía faltar durante sus ascensiones era la bandera mexicana, la cual agitaba cuando sus ligeros gigantes llenos de aire caliente se elevaban, animando a las multitudes. Sus hazañas fueron inmortalizadas en varios murales de destacados artistas mexicanos como Diego Rivera y Juan O´Gorman.

Se le puede ver vestido elegantemente en la barquilla del globo Moctezuma II en el mural de Rivera “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” de 1947, ubicado en el desaparecido restaurante Versalles del Hotel del Prado.

También es claramente visible uno de sus globos aeroestáticos en el mural de Juan O´Gorman, “Sufragio efectivo no reelección” (1967) localizado en una de las salas del Museo Nacional de Historia, en el Castillo de Chapultepec.

El mismo artista realizaría un mural en el Aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México entre 1937 y 1938 titulado “La conquista del aire por el hombre”, encargo realizado por el presidente Lázaro Cárdenas.

En los 10 páneles de 16 m de largo O´Gorman presenta los momentos más importantes de la historia de la aviación, y a sus protagonistas como Leonardo DaVinci, Nezahualcóyotl, Amelia Earhart, Charles A. Lindbergh, entre muchos otros.

En esta magna obra, casi en la esquina superior izquierda incluyó un globo decorado con los colores patrios y con las palabras “Viva Cantoya”, curiosamente escribiendo el apellido del aeronauta mexicano con y.

“La gran ascensión de D. Joaquín Cantolla y Rico” por Vanegas Arroyo. 1904.

 

Don Joaquín de la Cantolla / aeronauta singular / el domingo va a subir/ en su globo original. / Nunca pierde don Joaquín / la ocasión que se presenta, / y las veces que ha ascendido / son mucho más que noventa. / Tanto y tanto sube y baja / al traste dará con él / y el día menos pensado / con alas va a amanecer. / Es el aire su elemento / allí fuma, come y ronca, / en México no se ha visto / otro que iguale a Cantolla. /El mundo entero lo envidia, / los muchachos sobre todo / pues quisieran a porfía / de su canasto ir a bordo…

La carrera de Cantolla estuvo llena de éxitos y honores (dejó de volar en 1909), como cuando en 1863 realizó una ascensión en honor de los generales conservadores Juan Nepomuceno Almonte y Leonardo Marqués en el Coliseo Nuevo ubicado en el Paseo Nuevo, actual avenida Bucareli.

También cuando fue reconocido por el Emperador Maximiliano de Habsburgo, quien lo premió invitándolo en varias ocasiones a los bailes y eventos que se realizaban en el “Palacio Imperial”, así como al regalarle un par de mancuernillas de oro puro.

También sufrió varios accidentes, como cuando se impactó en una casa ubicada en la calle Salto del Agua, rompiendo el techo y recibiendo una golpiza de los dueños. Un pasaje triste fue cuando en 1863 al realizar una elevación en la Plaza de la Constitución uno de sus ayudantes, quien era responsable de soltar las amarras del globo que tripulaba Cantolla, murió al caer al vacío desde gran altura.

Al parecer el ayudante apellidado Avilés se aferró a una de las cuerdas que él mismo había soltado para permitir que el globo se elevara. A pesar de los gritos de la multitud, y del propio Joaquín, el hombre aterrado se negó a soltarse, y menos cuando empezó a subir por los aires.

Finalmente, después de varios minutos el cansancio se hizo presente y el pobre sastre Avilés se soltó de la gruesa cuerda, cayendo sobre el techo de Palacio Nacional. Otro accidente fue el causó que Joaquín de la Cantolla y Rico perdiera la vida debido a un derrame cerebral como consecuencia del terrible susto que vivió.

Todo comenzó cuando Alberto Braniff invitó a de la Cantolla a tripular un globo de seis plazas que había adquirido en Francia, dotado con la más novedosa tecnología de aquellos tiempos. Joaquín, siempre dispuesto a la aventura aceptó participar en el vuelo de prueba, el cual se llevó a cabo a mediados de marzo de 1914. Todo iba de maravilla cuando el gran globo se elevó desde el poniente de la Ciudad de México, pero lamentablemente fuertes vientos empujaron al globo al sureste del valle, a la región de Chalco, dominada en aquellos días por las tropas zapatistas del general Genovevo de la O.

El artefacto volador de inmediato atrajo la atención de la tropa zapatista, quienes de inmediato empezaron a dispararle con intención de derribarlo.

Los tripulantes lo único que pudieron hacer fue agacharse y esconderse detrás de las vallas de la barquilla. Gracias a la rápida intervención de una guarnición del ejército federal que se encontraba en la zona, se pudo repeler a los zapatistas por lo que los importantes tripulantes pudieron aterrizar conservando la vida y sin ser heridos.

A pesar de salir ileso, a los pocos días del incidente Don Joaquín de la Cantolla sufrió un derrame cerebral que le causaría la muerte. Sucedió el 20 de marzo de 1914. Al día siguiente se leería en los periódicos capitalinos que la muerte del aeronauta más famoso de México se debió al terrible susto que vivió a sus 84 años de edad. Curioso es que los populares globos de cantoya lleven ese nombre en honor de Don Joaquín, aunque su apellido se escribía con ll y no con y.

Joaquín de la Cantolla y Rico y Alberto Braniff.

 

Sin duda que la historia de los primeros aeronautas de la humanidad es larga e interesante.

No me queda más que elogiar a esos aventureros que superaron sus miedos para hacer sus sueños una realidad.

Y digo aeronautas siendo incluyente con las mujeres ya que es imposible no mencionar en esta crónica a Madame Sophie Blanchard, la primera mujer en elevarse por los aires utilizando una montgolfiera.

Lamentablemente murió en uno de sus vuelos, cuando su globo se incendió y cayó de gran altura sobre el tejado de una casa parisina ubicada en la calle Provence la noche del 6 de julio de 1819. Tenía 41 años.

Enrique Ortiz García
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