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Estamos en un punto de polarización en las percepciones sobre el desempeño económico que sólo se puede dar en este momento en el que no hay tantos indicadores, ni tampoco consecuencias tangibles de una baja en la actividad económica.

De un lado hay analistas económicos y firmas calificadoras que advierten señales de desaceleración y mal manejo económico. Y del otro, están aquellos ciudadanos, contagiados por la esperanza de la 4T, que anteponen sus sentimientos sobre las razones.

Al final, serán los indicadores económicos los que podrían convencer a algunos sobre la condición económica actual. Pero, sin duda, sería una desaceleración acompañada de desempleo y baja en el poder de compra lo que generalizaría el pesimismo. Pero lo que tenemos hasta hoy son percepciones y algunos cuantos datos.

Parecería que hablamos de dos países diferentes cuando comparamos los resultados de dos encuestas dadas a conocer por el Banco de México con tan sólo cuatro días de diferencia.

En la encuesta entre los expertos en economía del 1 de febrero, en el apartado de su percepción sobre el entorno económico, 87% de ellos asegura que hoy la economía no está mejor que hace un año, contra 13% que cree que sí.

A este mismo grupo de expertos, tanto nacionales como extranjeros, le preguntaron cómo considera el clima de negocios durante los próximos seis meses. Ahí, 47% asegura que éste va a empeorar, contra 22% que cree que estará mejor.

El tema es que el propio Banco de México elabora otra encuesta, ésta en conjunto con el Inegi, que mide la confianza de los consumidores mexicanos, un cuestionario a ciudadanos, casa por casa, con base en una muestra de más de 2,300 viviendas en 32 ciudades del país.

En esta consulta pública aparece el otro México. Uno que parece hipnotizado, que no atiende a las advertencias de los expertos y que proyecta en sus respuestas como consumidor sus esperanzas en el actual gobierno.

Resulta que todos los componentes de esta encuesta de febrero subieron de forma muy importante.

De entrada, el Indicador de Confianza del Consumidor se elevó 13.8 puntos con respecto al nivel de febrero del año pasado.

Por ejemplo, donde los expertos en economía anticipan una peor situación económica, los consumidores ven exactamente lo contrario. A la pregunta sobre su percepción de la situación económica del país dentro de 12 meses, los consultados elevan como cohete a la luna este indicador, impresionantes 25.5 puntos con respecto al nivel de un año atrás.

El tema es que toda esta jubilosa confianza no se refleja en los indicadores de consumo. De hecho, los datos, tanto de enero como de febrero, muestran una reducción en los niveles de compra de esos mismos consumidores.

Los encuestados que hoy se dicen más dispuestos que nunca a comprar bienes duraderos, pues, no lo hicieron en las tiendas de autoservicio y departamentales que mostraron en enero el nivel más bajo de ventas en cuatro años.

La recaudación del IVA, indicador indiscutible del consumo, tuvo su peor caída en enero desde el 2009. Y tampoco compraron automóviles, porque las ventas en el mercado interno cayeron 5.5% durante febrero pasado.

Alguien tiene que estar equivocado. Si fallan los analistas y realmente vamos en camino a un crecimiento este año de 4%, más les vale que hagan sus maletas rápido y se vayan. Pero si los equivocados son los eufóricos consumidores y no se cumplen sus expectativas, habrá que ver hacia dónde encausan su frustración.

Porque como dice un refrán popular: lo peor de la ignorancia es que a medida que se prolonga, adquiere confianza.