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Nuestro bachillerato público no está produciendo jóvenes capaces de seguir estudiando, ni de insertarse bien en el mercado de trabajo. Produce minusválidos educativos y laborales, que llevarán con ellos toda la vida los daños del no aprendizaje recogido en la escuela.

No hablamos del aprendizaje de grandes conocimientos que pueden coronar un proceso educativo, sino de los instrumentos mínimos para que el aprendizaje propio sea posible.

Según los resultados de la prueba Planea (Plan Nacional para las Evaluaciones de los Aprendizajes), hecha por primera vez el año pasado en sustitución de Enlace, la mitad de los alumnos que terminan el bachillerato solo puede efectuar operaciones básicas con números enteros. Cuatro de cada 10 no pueden obtener y comentar la información básica contenida en lo que leen.

En matemáticas, solo dos de cada 10 (18.8 por ciento) pueden resolver problemas planteando ecuaciones, saben extraer información de tablas o gráficas y realizan cálculos con razones y proporciones. De todos los estudiantes evaluados, solo 6.4% obtuvo el nivel deseable en este aspecto: leer e interpretar gráficas, evaluar el entorno e integrar los datos mediante procedimientos matemáticos para contrastarlos con situaciones reales.

En comprensión de lectura, solo 4 de cada diez alumnos (36%) saben reconocer el tema central de lo leído, relacionar información explícita e implícita en los textos y elaborar conclusiones.

Estos bajos resultados repercutirán en el largo plazo profesional y familiar de estos jóvenes bachilleres bajo la forma de malos empleos, bajos salarios, esperanzas defraudadas.

De por sí, solo 57 por ciento de los jóvenes en edad de hacerlo acude al bachillerato, 43 por ciento no. Hay 4 millones 333 mil muchachos estudiando, no todos en los bachilleratos evaluados, que excluyó esta vez al IPN, porque andaban de movimiento, y a la UNAM, porque no participa en estas pruebas.

Aún así: los evaluados son los jóvenes que más prometían para el país y sus familias, y a los que estudiar les prometía una inserción ventajosa en el mundo.

Apenas puedo imaginar el caudal de decepción y frustración que les depara la vida a estos millones de mexicanos por el engaño público de que han sido víctimas en sus escuelas.

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