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El único encuestador que acertó en las elecciones del domingo pasado no hizo encuestas para ningún cliente ni publicó sus cifras en ningún medio.

Días antes de la elección me dijo privadamente que, según sus cuentas, el domingo 5 de junio podía caer en México el Muro de Berlín electoral.

No diré el nombre de este encuestador, cuyas iniciales son Liébano Sáenz, pero sí explico que con la expresión “Muro de Berlín” se refería a la persistencia política en los estados de todas las prácticas antidemocráticas supuestamente terminadas en nuestro país.

He mencionado aquí tales prácticas y las vimos desplegarse sin recato en estas elecciones: intervención de los gobiernos a favor de sus candidatos, caudales de dinero ilegal, compra de los medios locales, y una impúdica y bien aceitada maquinaria de “operación electoral” dedicada a la manipulación, la inducción y la compra del voto.

El mexicano “Muro de Berlín” se derrumbó en varios estados gracias a una participación electoral alta que sepultó, con abundantes votos libres, las maquinarias del voto controlado.

La afluencia de votantes fue una especie de rebelión cívica contra gobernadores que habían colmado el plato de la ciudadanía.

El voto abundante y libre derribó las partes del muro que esos gobiernos sostenían, gobiernos por su mayor parte priistas, pero dejó intacto otros trechos del muro, los muros de gobiernos cuyos candidatos ganaron y donde sabemos que hubo tanta operación electoral como en los otros, igualmente tramposa e ilegal, solo que exitosa.

Cayó, pues, una buena parte del muro, pero no todo. Trechos sustantivos del muro siguen en manos de los gobiernos locales, los priistas y los no priistas.

El hecho político es que no han sido destruidos los materiales con que pueden levantarse nuevos trechos de muro en las siguientes contiendas.

El hecho histórico sigue vigente: la democracia no se implantó parejamente sobre todo México. En todos los estados prevalecen condiciones electorales de inequidad, manipulación y financiamiento ilícito características del México anterior a la democracia.

El domingo pasado tuvimos una prueba fehaciente de ello en todos los estados. Tuvimos también pruebas fehacientes de la vitalidad innata del voto, capaz de derribar todos los muros.

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