Minuto a Minuto

Nacional “Es mejor que vaya un avión mexicano allá”: México restringe ingreso de aviones militares de EE.UU. 
Ahora, cuando sean capacitaciones en el extranjero, aeronaves mexicanas trasladarán al personal en lugar de que aviones militares de EE.UU. ingresen al país
Nacional “Salió en libertad”: Sheinbaum defiende llegada de Francisco Garduño a la SEP
La presidenta Sheinbaum aclaró que Francisco Garduño "no es un perfil cualquiera", toda vez que es doctor en Derecho
Nacional Posponen huelga en Cablebús, Trolebús y Tren Ligero de la CDMX
Trabajadores sindicalizados del Cablebús, Trolebús y Tren Ligero pospusieron el estallamiento de huelga para negociar mejores condiciones laborales
Nacional Retiro de trenes retrasan servicio en Metro CDMX
Usuarios acusaron servicio lento en dos líneas, donde el Metro CDMX explicó que se realizó el retiro de trenes
Nacional Clima hoy 21 de enero: advierten lluvias y posible granizo
Este miércoles 21 de enero persistirán las temperaturas bajas y lluvias, con cielo medio nublado la mayor parte del día

Hay una batalla en las redes y en los medios por ver quién puso candidatos más puros, o menos impuros que otros. Es una batalla perversa: de parte de los que dicen creer en la pureza de su bando y de parte de los profesionales que inducen la batalla.

La verdad es que nadie quedó ileso de oportunismo y pragmatismo en la elección de sus candidaturas. Sorprende en ellas la falta de candidatos respetados por todos.

Lo que para los partidarios es un gran candidato, para los adversarios es el summum de la mediocridad, la corrupción o la mala fama.

Si algo demuestran las candidaturas recientes de Morena, del Frente y del PRI, es que, en la política mexicana, quizá en la política en general, es imposible eludir la mala fama.

Pero hay que distinguir: hay una diferencia objetiva entre la mala fama de quien ha cometido un delito y la de quien no lo ha cometido.

Y hay también una diferencia entre los delitos. Una cosa es ser cómplice del crimen, responsable de muertes, secuestros y extorsiones, y otra cosa es ser cómplice del delito por excelencia de la democracia mexicana que es desviar recursos públicos para meterlos como dinero ilegal a las campañas. (No justifico este delito: lo distingo solo de otros más graves).

Luego está la mala fama, que viene simplemente de la antipatía y la rivalidad políticas. Esta última debiéramos sacarla del concurso, en tanto que es parte inevitable, incluso necesaria, de la contienda democrática.

El hecho es que asistimos a un torneo de la pureza y el desprestigio en todos los frentes de la elección de 2018.

Quizá el mecanismo más simple de esta batalla sea defender a un candidato de mala fama alegando que en el otro bando también los hay. La mala fama de uno no exculpa la del otro. Nadie queda exento de sus actos por los actos de otros.

La batalla por la pureza debiera volverse una batalla por la verdad, y en esto la verdad no es solo partidaria, sino individual.

Cada candidato debe ser responsable de su fama y de sus actos, y debe rendir cuentas por ellos, tanto como el partido o la coalición que lo propone.

[email protected]