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Es comprensible que hombres y mujeres se indignen si escuchan que en el PRI del siglo XXI se exige aduana sexual a las mujeres. Lo que no me resulta tan lógico es el aplauso de un buen número de priístas (mujeres y hombres) ante las palabras sin asimiento de Cecilia Soto en la ceremonia para recordar al último líder tricolor del siglo XX, Luis Donaldo Colosio. 

Me cuesta comprender, asimismo, que dos mujeres, profesionales de la política, Italy Ciani y Reyna Araceli Tirado, renunciaran a la posibilidad de presidir la Comisión de Justicia del PRI en las sesiones en que, precisamente, se votaría la expulsión de Cuauhtémoc Gutiérrez por, presuntamente, organizar y regentear a placer una red de prostitución cuando presidía el PRI del DF. 

¿De qué se trata esto? ¿De qué estamos hablando? ¿De la lógica de que lo que no se puede ganar con votos debe ser desacreditado? Un año después, ¿qué prueba hay sobre la “red de prostitución” de Cuauhtémoc? Quienes señalan, se han preguntado ¿por qué la información del caso no se movió un milímetro desde que se difundió el 1 de abril? 

Más. ¿Por qué voces lúcidas y honestas, como la de Cecilia Soto, subrayan que si las mujeres agredidas por Cuauhtémoc no han denunciado debe ser por miedo, riesgo o para evitar una doble victimización, cuando saben que de haberlo hecho habrían sido acompañadas y protegidas por los mejores abogados, las mejores organizaciones sociales y las mejores prácticas de discreción? ¿Por qué esas mujeres que vociferan desacreditan sin más lo que Priscila Martínez afirmó ante el ministerio público: que le pagaron 60 billetes de 500 pesos para inventar la historia transmitida y recreada por el entonces macizo binomio MVS-Aristegui? ¿Porque Priscila es una puta a la que se debe apedrear? 

Jamás he defendido la inocencia de Cuauhtémoc Gutiérrez. De hecho, nosotros difundimos el único testimonio ministerial en su contra (5 de mayo). Pero por reflejo, me opongo a los linchamientos, máxime cuando la acusación original surge de una retorcida nota radiofónica, confeccionada con voces anónimas y adulteradas por los productores. 

Ya lo hicieron pedazos como persona. Expúlsenlo del PRI, métanlo a la cárcel, adelante, pero con los instrumentos de una sociedad que se imagina respetuosa de los procedimientos, las leyes y la presunción de inocencia. ¿Para qué queremos comisiones, tribunales, juzgadores? 

Un año, cero acusaciones directas, cero datos sólidos. Mucho ruido, sevicia. Que me disculpen, pero, fuerte o suave, en aquellos que linchan siempre flota un nauseabundo olor a inquisición. 

MENOS DE 140. ¿No había chismes sobre las aduanas sexuales en los tiempos del PRI de Colosio? Yo escuché muchos.

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