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Sheinbaum fue elocuente ayer con la inconformidad de la CNTE hacia su gestión: “Ahora los maestros están mejor que antes y ellos dicen que no… imagínense, es que, está buenísimo”. Está incrédula, porque dice que ya le dio todo a la CNTE, pero la CNTE quiere más.

La presidenta les recordó el aumento de 10% anual del salario, que se tiró la reforma educativa de Peña, que todos tienen fondo extra de pensiones para el bienestar, que más de un millón recibieron plazas con el gobierno de López Obrador, y 200 mil con ella.

Pero el problema de los maestros está en que Sheinbaum quiere evaluarlos, para definir quiénes ocupan las plazas y revisar el sistema que regula la carrera docente. Es decir, busca lo mismo que la reforma educativa de Peña, que tiró López Obrador.

Ajá: enjuagado en el lenguaje populista de las consultas, en realidad el gobierno actual lo que hace es reeditar la reforma educativa de Peña, que fijó reglas para que las plazas fueran otorgadas con base en los evaluaciones, y no en ser miembros de la CNTE.

Para al final conseguir lo que buscaba Peña, Sheinbaum anunció una consulta nacional dirigida a maestros para revisar los procesos de asignación de plazas, ascensos y desempeño, buscando modificar el modelo actual.

Es en ese punto en el cual la presidenta se ha topado con la pared de los vándalos de la CNTE, aun cuando hace un mes les dio 800 millones de pesos, para que dejaran de impedir la realización del Mundial de Futbol en la CDMX.

La versión oficial del secretario de Educación fue que, los 800 millones, forman parte del presupuesto educativo destinado a combatir el rezago en estados como Oaxaca, Chiapas y Guerrero, donde la CNTE no imparte un curso escolar completo hace 49 años.

La presidenta tiene razón en su incredulidad, pues la CNTE ya tiene, de facto, la rectoría de la educación pública: López Obrador le dio el poder de definir quiénes ocupan las plazas y los cambios de escuelas de los profesores.

López Obrador les regaló también el derecho a decidir

el ingreso, promoción y la permanencia de los maestros en el sistema educativo: todo eso, sin que los profesores tengan que evaluarse. Es decir, sin que se sepa si de verdad son maestros, o sólo vándalos.

La reforma educativa de Morena es un elogio aterrador a la mala educación, porque la CNTE es un grupo insurgente urbano que obliga a los profesores a afiliarse, y desde 1989 boicotea la enseñanza con violencia callejera en todo el país.

Y, en manos de esos vándalos, está la educación de los niños más pobres de México, desde 1989.