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Después de desplomarse 8.5% en el 2020, la economía mexicana está experimentando un importante rebote en este 2021. Impulsada por la locomotora en que se ha convertido la economía de Estados Unidos, en donde los especialistas estiman un crecimiento de alrededor de 7%, el PIB en México podría mostrar un rebote cercano a 6% en este 2021.

Sin embargo, es importante distinguir las diferencias entre un rebote y una expansión sostenible. Por un lado, es importante entender cual era la trayectoria de crecimiento antes de la llegada de la pandemia.

En el caso de Estados Unidos, el PIB creció 2.2% en el 2019 y 2.9% en el 2018; mientras que en México, el PIB presentó una contracción de 0.1% en el 2019 y un crecimiento de 2.2% en el 2018. Por otro lado, es crucial entender cual será la trayectoria de crecimiento hacia delante.

En el caso de Estados Unidos, los estimados para el 2022 y el 2023 anticipan un crecimiento alrededor de 3.5 y 3.2%, respectivamente. Para México, estos estimados rondan 2.8 y 2.5%, respectivamente. Estas trayectorias implican que el PIB de México no recuperará su nivel pre pandemia en términos reales hasta el 2023 o 2024 mientras que Estados Unidos lo logró en el segundo trimestre de este año.

Aunque tanto Estados Unidos como México están experimentando un robusto rebote en la actividad económica, hay similitudes y diferencias en los factores detrás de cada una de las recuperaciones.

Dentro de las similitudes está el fuerte incremento en el consumo como resultado de meses de demanda reprimida resultante del cese de actividades como consecuencia de la pandemia.

Sin embargo, cuando volteamos a ver las cifras de inversión en bienes de capital, la historia es radicalmente diferente. En el caso de Estados Unidos, la recuperación de la inversión privada en bienes de capital se ha convertido en un fuerte motor adicional de crecimiento.

La inversión fija bruta (excluyendo al sector residencial) creció a una tasa anual de 11.7% en el primer trimestre de este año después de experimentar crecimientos de doble dígito en los últimos dos trimestres del año pasado.

En términos reales, el monto de inversión fija bruta ha superado fácilmente su nivel pre-pandemia y los especialistas esperan que el crecimiento anual para el 2022 y 2023 se mantenga cercano a 4-5 por ciento. Para poner en contexto este hito, vale la pena recordar que la inversión en EU tardó casi 10 años en recuperar su nivel pre recesión después de la crisis del 2008-09.

En el caso de México, la inversión fija bruta ya mostraba una tendencia a la baja desde el 2019 cuando se contrajo 4.6%, que en ese momento representó la peor caída en 10 años. Con la llegada de la pandemia en el 2020, la inversión fija bruta se desplomó 18.2 por ciento.

Hasta la publicación del dato más reciente correspondiente a marzo, que presentó un crecimiento anual de 1.4%, la inversión fija bruta en México llevaba 25 meses consecutivos a la baja en términos anuales. A pesar de la mejoría marginal en el dato de marzo, la cifra para el primer trimestre registró una caída de 4.9% con respecto al primer trimestre del 2020.

Aunque los especialistas anticipan una mejoría en los próximos meses, la magnitud de la mejoría parece insuficiente para detonar una recuperación robusta. La inversión es una variable fundamental para detonar crecimiento y asegurar que el rebote actual, impulsado por el consumo, se traduzca en una expansión sustentable de mediano plazo.

La falta de dinamismo en la inversión fija bruta es preocupante porque este rubro es un pilar de la actividad económica que detona la productividad y genera millones de empleos para la base de la pirámide poblacional —especialmente el sector de la construcción— y que además tiene un efecto multiplicador en el resto de la economía.

Por vacaciones, esta columna se volverá a publicar el 20 de julio.