Izquierda y derecha

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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

La comida amistosa del pasado domingo terminó en debate y polémica. La plática subió de tono cuando al hablar de política alguien insinuó que en el siglo XXI era imposible que existieran la derecha y la izquierda como posiciones políticas. No estuve de acuerdo con el aserto, tan categórico y contundente, pero quien lo pronunció ya había tomado una buena cantidad de cubas lo que, siempre que lo hace, lo transforma en un obstinado y alegador personaje. (De él se cuenta que una noche en la que pensaba beber se dejó él mismo en la cocina de su casa una nota para leerla cuando regresara en estado de ebriedad. La nota decía: “Querido ebrio Juan, —no se llama así pero para qué poner su nombre— si llegas borracho tómate una botella de agua y disuelve en ella dos sal de uvas, bébete el agua antes de acostarte. Mañana, el crudo Juan te lo agradecerá, te quiere Juan el sobrio”.  Al otro día, Juan despertó con una gran cruda. Se fijó en la nota que leyó por la noche y en la que escribió algo antes de dormirse: “Pinche Juan sobrio, nadie me dice lo que yo debo hacer antes de dormirme y menos cuando estoy pedo. Que el agua se la beba tu chingada madre, Juan el borracho”).

La comida amistosa del pasado domingo terminó en debate y polémica. La plática subió de tono cuando al hablar de política alguien insinuó que en el siglo XXI era imposible que existieran la derecha y la izquierda como posiciones políticas. No estuve de acuerdo con el aserto, tan categórico y contundente, pero quien lo pronunció ya había tomado una buena cantidad de cubas lo que, siempre que lo hace, lo transforma en un obstinado y alegador personaje. (De él se cuenta que una noche en la que pensaba beber se dejó él mismo en la cocina de su casa una nota para leerla cuando regresara en estado de ebriedad. La nota decía: “Querido ebrio Juan, —no se llama así pero para qué poner su nombre— si llegas borracho tómate una botella de agua y disuelve en ella dos sal de uvas, bébete el agua antes de acostarte. Mañana, el crudo Juan te lo agradecerá, te quiere Juan el sobrio”.  Al otro día, Juan despertó con una gran cruda. Se fijó en la nota que leyó por la noche y en la que escribió algo antes de dormirse: “Pinche Juan sobrio, nadie me dice lo que yo debo hacer antes de dormirme y menos cuando estoy pedo. Que el agua se la beba tu chingada madre, Juan el borracho”).

Imagínense ustedes si con un tipo así se puede discutir si existen la izquierda y la derecha como posiciones políticas. Hasta hoy luego de reflexionar y cotejar algunos libros, puedo discernir sobre el tema. Cualquier persona de mediana cultura sabe que los términos izquierda y derecha aplicados a la política tuvieron su origen en la Asamblea Nacional Constituyente surgida de La Revolución Francesa en 1789, la cual entre sus objetivos tuvo la redacción de una Constitución y la decisión del futuro político del país.

Durante los días que duró la asamblea se sentaron de manera aleatoria y siempre igual los grupos que defendían determinadas tesis políticas. A la izquierda del presidente de la Asamblea se situó el grupo conocido como “los jacobinos” que eran partidarios de la República, del sufragio universal y, por ende, tenían el apoyo de las clases populares. Al centro de la Asamblea se sentaron aquellos que aún no se decidían por ninguna ideología. A este grupo —el más reducido— se le conoció como el grupo de La Marisma. A la derecha del presidente se acomodó el grupo de los girondinos, que eran partidarios de una monarquía parlamentaria, el sufragio no universal —sólo votarían las clases propietarias—, tenían el apoyo de la nobleza y de los ricos. Por eso, desde entonces, el que tuviera ideas moderadas o conservadoras era tildado de ser de derecha y el que tuviera ideas progresistas era de izquierda. Nunca se supo qué fue lo que provocó que los grupos ocuparan esos lugares que marcaron para siempre la denominación de una ideología política. Yo tengo una teoría: al lado derecho del presidente hacía mejor clima, razón por la que los de la derecha se agandallaron el lugar.

Así fue como surgieron los conceptos derecha e izquierda que a través del tiempo han servido, aún en la actualidad, en opinión de Giovanni Sartori, como brújula política y también como constituyentes de una identificación que nos ancla a algo.

Gabriel Zaid, en su libro Mil Palabras, nos hace ver que las dualidades arcaicas operan la separación que organiza el mundo y favorece la vida. La oposición entre derecha e izquierda es afín a muchas cosas. Y pone como ejemplos: izquierda-derecha; oriente-occidente; sur-norte; periferia-centro; atrás-adelante. Y otras dualidades que nos han hecho ver Beto y Enrique en Plaza Sésamo.

También consulté el Diccionario del Ciudadano sin Miedo a Saber de Fernando Savater. Transcribo: “Creo que todavía es lícito establecer un cierto perfil político de izquierdas o derechas. Recordando siempre, desde luego, que estos términos nunca son absolutos sino que están necesariamente interrelacionados. Es decir, la actitud de derechas en un campo sólo se entiende tomando en cuenta a la izquierda que se opone en ese mismo aspecto. Y ambas mitades enfrentadas se necesitan mutuamente, para que haya izquierda o derecha válida debe existir también su alternativa. Los derechistas que sueñan con suprimir a la izquierda o viceversa no son políticos, sino en el mejor de los casos maníacos y en el peor, serial killers… Es decir, partidarios de un régimen totalitario, lo que quiere decir sin oposición admitida y respetada. Aquellos que nos contradicen nos mantienen democráticamente cuerdos”.

No quisiera terminar mi colaboración sin decirle al lector cuál fue el detonante de la polémica que se suscitó en la comida amistosa. Todo comenzó cuando comentamos las declaraciones del escritor —por lo demás admirado— Paco Ignacio Taibo II publicadas en el periódico Reforma: “Y no tienen derecho moral los periódicos conservadores a estar diciendo ‘ay, es que se andan dividiendo’. ¿De cuándo acá tienen derecho a ejercer una crítica por la izquierda si se han dedicado por años a hacer una  política sucia y manipuladora?”.

¡Qué lastima que un distinguido representante y pensador de la izquierda se exprese como un cavernícola fundamentalista de la derecha!

Toda proporción guardada al caso Taibo viene aparejada al de Mario Vargas Llosa y su errada declaración: “El que haya más de 100 periodistas asesinados en México es, en gran parte, por culpa de la libertad de prensa”.

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  1. Javier Lozano no va a llegar

    El vocero de José Antonio Meade, el senador poblano Javier Lozano Alarcón, se metió en problemas, cuando, el pasado viernes, subió a las redes sociales un video en el que, por expresar que Andrés Manuel López Obrador ya está viejo para gobernar, nos pasó a calificar de inservibles a todos aquellos que estamos instalados en el sexto piso o más arriba en el edificio de la vida (López Obrador tiene 64 años).

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