Importan más los huesos que las ideologías


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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

La palabra hueso, según el Diccionario Irreverente de la Política Mexicana de Luis Fernando Roldán Quiñones, significa “cargo público bien remunerado, de elección popular o de designación, en donde se ejerce poder sobre subordinados. El término proviene de una frase del general Porfirio Díaz, presidente de la República (1874-80 y 84-1911), refiriéndose a los disidentes a los que les otorgaba puestos públicos y prebendas: Perro con hueso en el hocico, ni ladra ni muerde”.


La palabra hueso, según el Diccionario Irreverente de la Política Mexicana de Luis Fernando Roldán Quiñones, significa “cargo público bien remunerado, de elección popular o de designación, en donde se ejerce poder sobre subordinados. El término proviene de una frase del general Porfirio Díaz, presidente de la República (1874-80 y 84-1911), refiriéndose a los disidentes a los que les otorgaba puestos públicos y prebendas: Perro con hueso en el hocico, ni ladra ni muerde”.

Por su parte, el Diccionario de la Lengua Española dictamina que el sustantivo ideología se usa para denotar un “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso y político”.

Salvo honrosas excepciones, los políticos mexicanos son marxistas. Este calificativo no significa que sean seguidores de Karl Marx, padre del socialismo científico y del materialismo histórico. Son marxistas porque hacen honor a la conocida frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.

Siempre han existido los llamados “políticos chaqueteros”, expresión que nada tiene que ver con el onanismo, sino con el cambio de chaqueta —prenda de vestir, también llamada saco o americana—. En sentido figurado una persona chaquetera es aquella que cambia de bando o partido. A continuación pondré unos ejemplos de ideologías intercambiables que se han dado en la actualidad en nuestro querido y depredado país.

Por primera vez en 18 años el PRI irá solo en las elecciones para las alcaldías y las diputaciones locales en el Estado de México. ¿La razón? Sus, hasta hace siete meses, aliados, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (Panal) irán por su cuenta. No por motivos ideológicos; ninguna de las tres fuerzas políticas aquí mencionadas tienen un credo arraigado. El Verde y el Panal se distanciaron del PRI porque el gobernador Alfredo del Mazo, incumplió el compromiso de darles lugares de primer nivel en su gobierno.

Catalogado como una institución congruente con sus principios, salvo barbonas excepciones, el Partido Acción Nacional probó la miel del poder durante dos sexenios. Al mando de Ricardo Anaya, los blanquiazules se propusieron repetir en el sabroso poder federal y se convirtieron en un pragmático partido más, de los que anteponen el alcanzar el poder a su ideología. El PAN se transformó en instrumento de su dirigente para, en una paradójica coalición con sus antípodas el PRD y el Movimiento Ciudadano, ser precandidato a la Presidencia de la República. La semana pasada se convalidó la alianza México al Frente cuando el jerarca blanquiazul, se puso un chaleco amarillo —símbolo de una chaqueta— con el logotipo del sol azteca y con su acción, en territorio perredista, le dio el espaldarazo, para ser la candidata a gobernar la Ciudad de México, a su socia en la creación del híbrido político: Alejandra Barrales —tan cerca de Miami y tan lejos de la revolución democrática—.

Las maquiavélicas maniobras de Anaya en el PAN dentro del marco de la lucha por la candidatura a la Presidencia de la República, provocaron la renuncia al partido que llevan en su ADN de Margarita Zavala y con ella parte de su familia: su hermano Juan Ignacio, su prima la senadora Mariana Gómez del Campo y su cuñada Luisa María Calderón, quien buscará, como candidata independiente, una diputación. Curiosamente, el cerebro de la operación, Felipe Calderón se quedó en Acción Nacional, sospecho —con el pecho— y calculo —con lo que rime— que esperando la derrota de Anaya para, nuevamente, hacerse de las riendas del partido donde aprendió a hacer política y a beber.

Otro militante panista que le disputó a Anaya la candidatura blanquiazul fue Rafael Moreno Valle, autor del libro más publicitado y menos vendido en la historia literaria de México. Moreno Valle, al fin expriista, se bajó de su pretendida candidatura a cambio de que su esposa, Martha Erika Alonso Hidalgo, sea candidata del PAN y su coalición a la gubernatura de Puebla.

El senador Javier Lozano Alarcón fue vocero de Moreno Valle durante su período gubernamental. De regreso al Senado, sus intenciones eran las de ser candidato a gobernador de Puebla. Al ver que la dirigencia del partido en el que desde hace 13 años militaba ya tenía planchada la candidatura que él pretendía, renunció al PAN y regresó al PRI, donde militó durante 15 años. Ahora es parte del equipo del precandidato José Antonio Meade, candidato del PRI, partido al que no está afiliado.

Lo más reciente es la dimisión de la senadora Gabriela Cuevas al PAN, después de 23 años de militancia, para unirse al partido que encabeza Andrés Manuel López Obrador: Morena. Se dijo que la exdelegada en Miguel Hidalgo renunció al partido blanquiazul porque no le quisieron dar una diputación. También se anunció que el ídolo de la afición futbolística, Cuauhtémoc Blanco, será candidato a gobernar Morelos con el apoyo de los partidos llamados de izquierda PT y Morena en coalición con el derechista Partido Encuentro Social. ¡Izquierda y derecha unidas jamás serán vencidas!

¿Principios? ¿Ideologías? ¿Eso cómo se come? Preferible un buen hueso.

  1. ¿Coordinadores estatales o virreyes?

    En el papel suena muy bien. Es un auténtico cambio en la forma de gobernar; por lo tanto cumple con la expectativa que generó que la población votara por Andrés Manuel López Obrador. Me refiero a la creación de los coordinadores estatales de Programas para el Desarrollo de la Presidencia de la República. Serán 32 personas —una por cada estado de la República— designadas por el Primer Mandatario con el fin de que sean ellos los que certifiquen que los recursos federales lleguen, íntegros y sin intermediarios, a los gobiernos de los estados y que se gasten de manera correcta para cumplir con los programas y con las obras para las que fueron asignados.

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