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Václav Havel, quien sería en 1989 presidente de Checoslovaquia, y luego de la República Checa (1993-2003), era en 1978 sólo un escritor “disidente”, condenado a cuatro años de prisión. Había dado un paso fuera de las convenciones y las mentiras del socialismo real, y su pena era perder la libertad.

El mismo año de 1978 en que lo encarcelaron, luego de meses de arresto domiciliario, escribió uno de sus más célebres ensayos: “El poder de los que no tienen poder”.

Valiéndose de la explicación que daba su vendedor de verduras para tener siempre en el puesto un letrero que decía “Trabajadores del mundo, uníos”, en el que obviamente el verdulero no creía, Havel penetró en el secreto mayor del orden socialista de Europa central: la aceptación colectiva de las reglas del juego totalitario.

La oficinista que compraba verduras en el puesto tenía un letrero parecido en su escritorio, en el que tampoco cree. Lo tenía para enviar a las fuerzas del orden el mismo mensaje que el verdulero. “Yo obedezco. Por tanto, tengo derecho a que me dejen en paz”.

“Cada uno ayuda al otro a ser obediente”, dice Havel en su ensayo, prolonga con su pasividad la red de una servidumbre voluntaria en la que todo mundo puede ver las mentiras, las convenciones vacías que rigen la vida pública, sin que nadie interrumpa la cadena ni se ponga a gritar, simplemente, a gritar que el rey va desnudo.

En cuanto esto sucede, en cuanto alguien grita que el rey va desnudo, dice Havel, empieza la creación de una polis paralela, de una ciudadanía alternativa.

“Si el pilar del sistema es vivir una mentira, no sorprende que la fundamental amenaza para ese sistema sea vivir con la verdad”.

El lugar de la verdad es una “esfera escondida que restituye la dignidad a sus practicantes: una dimensión moral, existencial, anterior a la acción política que une en un solo haz la resistencia pública y la libertad de uno mismo y de los demás”.

Pues la libertad, dice Havel, es indivisible, no es posible defender la propia sin defender la de los otros.

Publiqué esta historia en este espacio hace 16 años. Los tiempos de autocracia mexicanos le devuelven pertinencia y actualidad.