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Lisboa, 1940. Primera maduración de la dictadura salazarista, una dictadura aburrida y sin estilo, que no pretende conquistar el mundo, sino mantenerse al margen de él.

Un oscuro viudo, empeñado también en mantenerse al margen de la historia, es redactor encargado de la página de cultura de un diario anodino. Escribe obituarios. Es un creyente absoluto en la autonomía de la literatura frente a la política y la sociedad.

Se llama Pereira. Su narración de los hechos ante un juez es la materia, el procedimiento narrativo, de una novela de Antonio Tabucchi: Sostiene Pereira.

Pereira no sólo es viudo, sino que no tiene hijos. Un corresponsal anónimo le ha enviado una reflexión sobre la muerte, asunto que empieza a rondarlo en su soledad glotona y melancólica.

Pereira quiere conocer al corresponsal. Se llama Francesco Monteiro Rossi. Lo llama y lo invita. Conoce luego a su novia. Va entendiendo que algo se agita en ellos, que hacen algo contra las continuas redadas de la policía y los muertos que dejan a su paso.

Pereira sabe que algo inaceptable sucede a su alrededor. Pero no quiere mirarlo, a diferencia de sus nuevos conocidos, que no sólo quieren mirar sino hacer algo al respecto.

Finalmente, Pereira descubre que sus amigos están siendo perseguidos, que se esconden. Monteiro, a estas alturas como un hijo para él, le pide cobijo y viene a su departamento.

Detrás de él llega la policía. Quieren darle una lección, le dicen a Pereira. Nada grave, sólo algo que no olvide. Los maestros se pasan de lección con la cachiporra. Dejan un cadáver donde iban a dejar una advertencia.

La historia que Pereira no ha querido mirar se mete en su casa. Debe tomar partido, elegir, ejercer su libertad, abstinente hasta entonces.

Eso hace. Inventa una forma de burlar la censura en su sección del diario. Escribe y publica ahí una narración pormenorizada del asesinato de Monteiro.

Después toma un pasaporte falsificado, de los que fabrican sus amigos, y huye.

La forma de declaración judicial que tiene la novela sugiere que Pereira no pudo escapar, que fue detenido por la autoridad contra la que se ha rebelado.

Pero la novela termina en el momento de su libertad elegida.