Sin duda una de las banderas más bellas del mundo es la de México.

Más allá de la armoniosa combinación de los colores que la componen, verde, blanco y rojo,  lo que realmente la hace especial es el escudo que la decora y su antigüedad, que tiene más de 500 años de existencia, aunque con sus respectivas modificaciones.

Teocalli de la guerra sagrada mexica. Foto: INAH.

Los elementos que conforma el escudo nacional mexicano son el águila, la serpiente, el nopal, las tunas y el pedregal que se encuentra en un ambiente lacustre y finalmente las ramas estilizadas de laurel y encino.

Más del 70% de estos elementos se encuentran presentes en una escultura realizada durante el gobierno de Motecuhzoma Xocoyotzin, Huey Tlahtoani de Tenochtitlan, específicamente en el año de 1507.

Esta pieza, que lleva por nombre “Teocalli de la Guerra Sagrada Mexica”, fue bautizada por Alfonso Caso.

El monolito, el cual tiene forma de un pequeño teocalli o templo mesoamericano, fue hallado en 1926 debajo de Palacio Nacional, entre los cimientos del torreón sur de la edificación.

Cabe mencionar que en el mismo lugar donde actualmente se levanta Palacio Nacional se encontraban las Casas Nuevas de Motecuhzoma Xocoyotzin, las cuales fueron edificadas a partir del inicio de su reinado en 1502.

La importancia de esta pieza radica en que es el único vestigio de origen completamente prehispánico en el cual esta plasmada la señal prometida por el dios Tetzauhteotl “El portentoso” a su pueblo errante que había abandonado a la mítica Aztlán en busca de fundar una nueva ciudad.

En esta pieza, de 1.23 metros de alto y 92 de ancho, se encuentran representados la deidad patronal mexica: Huitzilopochtli, fácilmente reconocible por llevar el yelmo en forma de colibrí, así como el mismo Huey Tlahtoani Motecuhzoma, quien es reconocible por su glifo nominal que esta compuesto de la diadema de turquesas llamada xihuitzolli y una vírgula que emerge debajo de ella.

Ambas figuras flanquean una representación solar, en cuyo centro se encuentra el símbolo 4 movimiento “nahui ollin”, que representa la etapa cósmica conocida como El Quinto Sol .

Estos elementos presentes en el monolito nos dejan claramente su simbolismo: el triunfo del sol, así como la legitimidad del poder adquirido por los mexicas desde la fundación de Tenochtitlán en el año 2 Casa (1325).

Es una alabanza al poderío militar mexica, que en pocas décadas logró su libertad al derrotar a sus amos tepanecas y  posteriormente subyugar a decenas de señoríos.

Cada uno de los símbolos presentes evocan al sol, al autosacrificio y a la guerra, a través de los dos “listones” que se entrecruzan, uno representando al fuego y otro al agua: Atl tlachinolli.

Este símbolo, el cual se encuentra en las cuatro caras del monolito, representa el agua quemada, metáfora usada para describir la guerra sagrada que realizaban constantemente los mexicas con el fin de cumplir con su rol divino de pueblo elegido por Huitzilopochtli, el dios solar.

Esta obligación era alimentar al sol con sangre y corazones humanos para vigorizarlo y fortalecerlo después de su batalla al atravesar el inframundo, después que se había ocultado por el oeste.

Parte superior del Teocalli de la guerra sagrada mexica.

En la parte posterior de este monolito se encuentra el relieve que nos atañe, la representación más antigua de nuestro símbolo nacional.

En ella se ve al águila posada en un nopal lleno de tunas, estilizadas con diversos elementos, que nace de las fauces descarnadas de un rostro que se asoma entre ondulantes líneas que  claramente remiten a un ambiente lacustre.

Vayamos por partes al analizar esta imagen.

Para los antiguos nahuas el águila era el ave que volaba más alto, más cerca del sol, por lo tanto es la representación totémica de Huitzilopochtli, deidad patronal del pueblo mexica, asociado con la guerra y que representa al astro rey.

En su pico no hay ninguna serpiente, sino los dos listones entrecruzados que representan el agua quemada y al mismo tiempo la guerra sagrada.

Es evidente que la serpiente fue agregada posteriormente, por la influencia europea que dominó estas tierras por más de tres siglos, periodo histórico que denominamos El Virreinato. ¿Por qué razón se agregaría una serpiente? Recordemos que en las antiguas civilizaciones griega, romana y bizantina, las representaciones del águila devorando una serpiente representan el triunfo de la luz y las virtud sobre la obscuridad y la ignorancia, la victoria del día sobre la noche.

Una de las piezas que destaca en este discurso es el mosaico elaborado en la capital oriental del Imperio Romano, Constantinopla, entre el siglo III y V d.C. En Mesoamérica la serpiente no representaba ni obscuridad, ni ignorancia, ni al demonio, sino la sabiduría, la fertilidad terrestre, y la renovación vegetal.

Mosaico bizantino de un águila devorando una serpiente, ubicado en el Great Palacio Mosaic Museum, Estambul.

Por lo tanto el águila parada en el nopal clama el combate, es la misma representación de la guerra. De la parte superior del nopal se aprecian una gran cantidad de tunas, coronadas con plumas de algún ave, águila o garza, elementos asociados con el autosacrificio y el sacrificio humano.

Las tunas, cuya forma asemeja la de un corazón humano, son penetradas por punzones abstractos, que buscan insistentemente extraer su sangre, su vitalidad.

Estos elementos conforman una ofrenda humana al dios solar. Los hombres dan su propia vida, sus corazones en agradecimiento de la luz y el calor del sol, así como de los sacrificios realizados por las deidades para la creación del Quinto Sol.

Cara posterior del Teocalli de la guerra sagrada mexica.

Finalmente el nopal no emerge de ningún pedregal, sino de la boca de la tierra, de la deidad Tlaltecuhtli, cuyas piernas torcidas completamente que asemejan la posición de batracio, la mantienen en posición. Detrás de ella, es visible el ondulante movimiento de las aguas del lago de Tezcuco, en cuyo islote se fundaría Tenochtitlán en el año de 1325, posiblemente un 13 de abril, jornada en la que se registró un eclipse total de sol a las 10:54 de la mañana, fenómeno estudiado y confirmado por el astrónomo Jesús Galindo.

Durante el siglo XIX el escudo nacional sufrió modificaciones y se le integraron nuevos elementos, como las ramas de laurel y encino, flora asociada con la victoria, y con los triunfos militares.

Hay que mencionar que la corona cívica de laureles y encinos ya estaba presente en el primer escudo o gran sello nacional usado por la Suprema Junta Nacional Americana entre 1811 y 1813.

Estos elementos vegetales que originalmente coronaban al águila fueron colocados al pie del ave en el escudo imperial  que representó al gobierno del emperador Agustín de Iturbide.

Gran sello nacional usado por la Suprema Junta Nacional Americana.

Enrique Ortiz García

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