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“El hombre es él, y su circunstancia”:
Ortega y Gasset

El INE se ha convertido en el entuerto simbólico conceptual de la confrontación existente entre las fuerzas políticas del presidente López Obrador y su oposición política.

La marcha del pasado domingo muestra de manera afortunada que, existe una oposición vibrante que ha decidido competir en las calles con las fuerzas del movimiento de transformación, sin embargo, lo que también tienen claro es que, la calle es solo una extensión de la manifestación política, y la más definitiva, es el voto ciudadano.

La propuesta político narrativa de la oposición es que el INE no se toca y debe ser defendido, sin embargo, la pregunta es: ¿Por qué el INE no ha de ser tocado ni con el pétalo de una rosa, si es una expresión institucional del proceso democrático? Tendríamos entonces que pensar por añadidura que, el organismo electoral es una especie de monumento de una impoluta perfección que, no puede ser modificado para responder a un dogma político electoral.

La narrativa opositora es falaz y fallida. Por supuesto, que el INE puede ser modificado, como lo ha sido desde su creación como IFE en 1990. Si fuera un organismo democráticamente perfecto, ni siquiera los actores políticos le hubieran cambiado el nombre, sin embargo, lo hicieron.

A partir de esa fecha, la institución ha sido objeto de una serie de modificaciones que han respondido a la coyuntura política y social del país. EL INE es desde varias perspectivas, índice y reflejo de la vibrante democracia mexicana.

De hecho, la última modificación fue en el 2014. Esa reforma contempla la posibilidad de un gobierno de coalición; transformó la Procuraduría General de la República en Fiscalía General; y abrió un hueco en la historia al permitir la reelección de legisladores y funcionarios locales, entre otros temas.

En la iniciativa de reforma que el presidente López Obrador promueve, se plasman añejas demandas ciudadanas que, en su momento sus hoy opositores también impulsaban. Entre las propuestas se encuentran la reducción de legisladores, la disminución del presupuesto a los partidos políticos y destinar menores recursos a los organismos electorales, tomando en cuenta que, tenemos el voto más caro en el mundo. Un voto en México cuesta 25 dólares, más caro que en Brasil, Estados Unidos, Francia y Rusia.

Es un principio universal que las leyes pueden cambiar según las circunstancias, quien sostiene lo contrario en el caso del INE, propone entonces que se considere al organismo electoral como un “monolito de pureza impoluta”.

El argumento que pretende evitar la modificación del INE es análogo a la intención de algunos quienes empujan la reelección del presidente López Obrador. Se traduce en efecto, en cerrar el diálogo y el consenso que ha sido la vía para modificar el organismo electoral.

Ahora que, si se trata de conducir una elección a favor, tendríamos que revisar el papel que jugó el entonces IFE en la elección del 2006.

A nadie conviene una elección manoseada. Quienes ahora se dan baños de pureza democrática, deben reconocer que el INE es perfectamente perfectible.

De la libreta

° Dice Arturo Cano que, el odio a la 4T está alimentando la desmemoria. Sin duda.

° Por primera vez, entre los presidenciables de Morena, el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, ya rebasó en popularidad al canciller Marcelo Ebrard, de acuerdo con una encuesta realizada por México Elige.

° La 4T está por fraccionarse. En diciembre, Monreal y Ebrard, tomarán decisiones y habrá también cuatro nuevos consejeros electorales.

@HectorHerreraAR