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Dice bien Beatriz Paredes, en su primera entrevista como aspirante a una candidatura presidencial (El país, 28 de agosto) que el gobierno actual está en una pendiente. Parte fundamental de la reflexión y de la acción pública en el futuro inmediato será cómo salir de la pendiente.

La primera tarea, desde luego, es reconocer la pendiente misma, entender que la deriva del país es una caída, no una transformación creadora.

México va pendiente abajo. Quien pretenda gobernarlo y darle un rumbo, incluidos los candidatos oficialistas, tendrá que partir de esta realidad: la tarea política del futuro es cambiar el rumbo, remontar la pendiente, no persistir en ella.

Añado a esta descripción de Beatriz Paredes sobre la pendiente en que estamos dos palabras claves, dos nociones rectoras, que incluso los candidatos oficialistas tendrán que plantearse para hacer campaña y para gobernar.

Las palabras son reconstruir y reconciliar.

Las recobro subrayadas de entre la diversidad de los discursos sucesorios que, a querer o no, ya andan en el aire, a veces en forma de furia y ruido, pero también en forma de propuestas y propósitos.

He leído y escuchado mucho estas dos palabras en observadores atentos, periodistas informados, diagnósticos de expertos.

También en los mismos aspirantes a la Presidencia, y no exclusivamente de la oposición. Me disculpo si no los cito a todos y si le hago poca justicia a la autoría de unos sobre los otros.

Desde luego no reclamo estos conceptos como míos, los presento como una destilación de lo que he oído o leído en otras voces: reconstruir y reconciliar.

Lo primero, reconstruir, porque quien llegue al gobierno encontrará un país urgido de correcciones y reconstrucciones básicas en salud, educación, crecimiento, infraestructura, seguridad, legalidad, gobierno, pobreza y casi todo lo demás.

Lo segundo, reconciliar, porque quien llegue al poder tendrá que tender puentes de conversación y reencuentro con una gran cantidad, al menos la mitad de la población, de sectores agraviados, excluidos y estigmatizados por los años de la polarización infatigable que ha sido la especialidad de este gobierno.