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ay muchos ángulos que comentar en la comparecencia del presidente del INE, Lorenzo Córdova, ante la Cámara de Diputados. Lo primero, el espectáculo de un funcionario que no fue amedrentado por la turba legislativa en que se transformó por momentos la bancada de Morena y sus aliados.

Lo segundo, que, aún en los momentos más intensos del oleaje, Córdova no perdió la paciencia ni la elocuencia. Y, hasta donde pude ver en varios pasajes, tampoco el humor.

Su comportamiento durante las seis horas que duró la comparecencia es la mejor defensa práctica que se haya hecho hasta ahora de la institución que Córdova preside. Su desempeño fue una demostración de solvencia profesional y conocimiento de su tema, la mayor que hayamos visto en algún funcionario público en estos años de mucho ruido, otros datos y pocas nueces.

Córdova subrayó en varias ocasiones que hablaba ante el cuerpo que representa la soberanía de la nación, la soberanía constituida por el voto de los ciudadanos que el INE se encarga de contar.

Al paso de su insistencia en este hecho apareció la mayor crítica implícita que podía hacérsele a lo que estaba sucediendo.

Si esa es nuestra soberanía, como lo es, hay que decir que es una soberanía degradada. Al degradar su lenguaje durante la comparecencia de Córdova, los legisladores de Morena, sus aliados y alguno del PRI, degradaron lo que representan, se degradaron. Córdova les recordó a los legisladores que la soberanía no es una noción abstracta, sino un cuerpo encarnado en todos y cada uno de ellos. Que la soberanía de la Cámara es tan buena o tan mala como ellos sean.

Y que soberanía no es impunidad. Córdova mostró cómo se puede mejorar nuestra conversación pública al dirigirse sin temor a la turba oratoria que fue por momentos la mayoría de la Cámara, cuyo espécimen mayor es el diputado que llama “paniaguados” a sus pares y al que sus pares llaman, en respuesta, “Changoleón legislativo”.

La conclusión elemental ante el espectáculo del viernes 3 de noviembre en la Cámara de Diputados es que en la actual mayoría legislativa no encarna precisamente lo mejor de México.