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Ayer en la FIL de Guadalajara tuvieron lugar tres mesas de reflexión genéricamente bautizadas como “Preguntas desde la izquierda”.

El título y el contenido de las mesas aluden a un ensayo publicado por José Woldenberg en la revista Nexos en el mes de abril de este año, dedicado a comparar las causas que han nutrido a la izquierda mexicana con las del actual gobierno.

En casi nada coincide el actual gobierno, nos dice Woldenberg, con esas causas y con esa tradición. No tiene frente a las universidades públicas, en muchos sentidos el centro de la izquierda posterior al 68, una relación de diálogo y solidaridad.

Más bien, ejerce una política de recorte presupuestal y la caricaturización de la UNAM como centro de conservadurismo. Tampoco se honra desde el gobierno la diversidad de los movimientos sociales que nutrieron las causas de la izquierda.

Se extiende sobre ellas, en cambio, el discurso del sujeto único y mitológico llamado Pueblo.

No hay, igualmente, un compromiso con la Constitución y las leyes, armas cruciales para la izquierda del país, pues fue bajo su amparo que pudieron exigir garantías de participación contra las arbitrariedades políticas del antiguo régimen priista.

Vemos también al actual gobierno pasar por sobre elementales límites del laicismo, por la desafección, el rechazo y el maltrato a las instituciones de cultura y ciencia, y por una galopante militarización.

No hay, por último, en este gobierno, el reconocimiento de las instituciones democráticas alcanzadas durante la transición, que la izquierda promovió y mediante las cuales pudo acceder finalmente, en condiciones de equidad, a la contienda política. Toda aquella construcción democrática es la que el actual gobierno niega y empaca en un solo triquitraque para gritar contra el fraude. El mundo al revés.

Por facilismo, la prensa llama de izquierda al gobierno actual de México, pero éste poco tiene que ver con la tradición de la izquierda mexicana. Termina Woldenberg: “La corriente que gobierna actualmente el país de ninguna manera es democrática, aunque haya arribado al gobierno por esa vía.

Sobre eso hay evidencia suficiente.

Pero a lo mejor tampoco es de izquierda. Quizá estamos ante un gobierno unipersonal, narcisista, autoritario y empobrecedor”.