Minuto a Minuto

Nacional Detienen en Cancún a Yoexy ‘N’, cubano acusado de narcotráfico por EE.UU.
Yoexy Vila Hernández, de nacionalidad cubana, es presunto integrante de un grupo delictivo independiente
Nacional Mazatlán vibra con la hermandad biker
Miles de bikers celebran 30 años de tradición en Olas Altas; la Semana de la Moto Mazatlán 2026 sigue hoy con rock y Pancho Barraza
Ciencia y Tecnología Artemis II recorrerá menos distancia en su regreso
La reentrada de los astronautas en nuestro planeta es uno de los momentos más delicados de la misión, puesto que el escudo térmico sufrió daños superiores a los esperados cuando la misión no tripulada Artemis I
Deportes Real Federación Española de Fútbol y la FMF firman acuerdo de colaboración
El convenio también incluye la posibilidad de realizar encuentros de preparación entre selecciones femeninas y varoniles de distintas categorías
Ciencia y Tecnología IBM pagará 17 millones al gobierno de Trump por discriminación
IBM pagará 17 millones al gobierno de Donald Trump para resolver acusaciones de que cometió "discriminación" al aplicar políticas de diversidad, equidad e inclusión

El dinero se lleva mal con la democracia. Las campañas democráticas son caras y no hay país que pueda congratularse de haber resuelto satisfactoriamente el problema de cómo financiarlas.

El problema no es menor: evitar que los ricos decidan con su dinero quién tiene mejores campañas y se compren candidatos como se compran viajes a la luna. Puestos a hacer campañas en sociedades grandes y complejas, no hay dinero que alcance. Siempre hace falta algo más en qué gastar.

Lo cierto es que los candidatos que no tienen dinero para sus campañas llevan mucha desventaja, no compiten o compiten mal.

Nos resulta familiar, pero no deja de ser una impudicia, que los candidatos estadunidenses recojan dinero para sus campañas entre donantes privados, y que el que junta más dinero trague más pinole… y haga más compromisos.

Democracias europeas reconocidas han tenido escándalos porque los gobiernos buscan la manera de financiar a sus partidos mediante mecanismos de gasto público en los que algo se canaliza para sus organizaciones de parte de empresas y contratistas beneficiadas.

El caso de México es triste porque un sano, aunque caro, punto de partida en la materia dio lugar a uno de los sistemas de financiamiento más dobles e inauditables que hay.

México decidió que campañas y partidos se pagaran con dinero público, salvo 10 por ciento, de modo que ni el dinero legal de los empresarios ni el ilegal de los narcos entrara al juego. Desde entonces, 1997, se dedica un dineral a campañas y partidos, pero los partidos buscan y reciben también, ilegalmente, inauditables cantidades de Dinero bajo la mesa, como se titula el libro sobre este fenómeno escandaloso, escrito por María Amparo Casar y Luis Carlos Ugalde (Grijalbo).

La razón de fondo que explica este desastre es que los partidos de la democracia mexicana no cumplen la ley que los rige en esto: todos tienen sus buscas multimillonarias por fuera.

Digo todo esto a propósito de las sanciones que acaba de imponer el INE por irregularidades en las elecciones del 6 de junio. No contentos con ocultar el dinero que reciben bajo la mesa, los partidos tampoco rinden cuentas del que les ponen legalmente en ella.