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A propósito del aniversario luctuoso de Octavio Paz, recupero el texto publicado en la revista Proceso en 1998, unos días después de la noticia de su muerte.

La posteridad de Octavio Paz será más larga que su vida. Esta certidumbre no consuela a sus próximos de la pérdida del ser humano, pero hace justicia a la obra de Paz, una obra más amplia y rica que la imagen del escritor congelada por sus contemporáneos, la imagen en que ha quedado, petrificada y simple, la memoria del poeta.

Los personajes públicos en que acaban convirtiéndose los escritores ayudan y estorban la lectura de su obra. El personaje público que envolvió y, por temporadas, devoró a Paz inclinó la balanza de la atención y de los lectores mexicanos hacia los ángulos políticos y polémicos de su escritura.

La crítica del socialismo real y la visión de Paz sobre la historia y el presente de México están más vivas en la memoria pública de su país que las visiones del poeta o las iluminaciones del crítico literario. En el ámbito de la reflexión histórica los laureles canónicos del personaje —esto es: los lugares comunes sobre su obra— repiten una y otra vez la grandeza de El laberinto de la soledad y sitúan en un segundo plano el libro sobre Sor Juana, infinitamente superior.

La consagración de Paz en vida como un autor clásico —es decir, un autor terminado— sofocó la celebración o encontró apenas natural la escritura de uno de sus grandes libros, La llama doble, aparecido al final de su vida.

El torneo de elogios y consagraciones de Paz a resultas de su muerte basta para mostrar hasta qué punto fue un autor poco o mal leído, un autor de pocos lectores verdaderos (como todo autor, quizá). Exhibe también la pobreza o la trivialidad de las imágenes que tienden a adherirse a su memoria. En toda fama literaria hay un autor olvidado y en toda obra consagrada hay una obra secreta. La posteridad tendrá que descubrir otra vez ese autor y esa obra bajo el abundante follaje de las consagraciones automáticas que cubren por lo pronto a Octavio Paz.

Octavio Paz ha muerto. Octavio Paz empieza a vivir.