Minuto a Minuto

Nacional Los 32 estados acuerdan restringir celulares en escuelas, empieza el 3 de noviembre
Se pidió no presentar la medida como prohibición, sino como orientación para recuperar métodos a favor del aprendizaje y el desarrollo
Entretenimiento Presley Gerber, el fallecido hijo de la modelo Cindy Crawford, reconoció problemas de adicción
Presley Gerber, hijo de la modelo Cindy Crawford, murió a los 27 años en un centro de rehabilitación en Los Ángeles, California
Internacional Las ocho noticias para iniciar la semana bien informado, por Radar Latam 360
Estas son las cinco noticias principales de América Latina y las tres claves internacionales que recomienda Radar Latam 360 para estar bien informado
Nacional Injerencismo “generó una violencia que se ha ido conteniendo”, reitera Sheinbaum sobre Sinaloa
La presidenta Sheinbaum dijo que la violencia en la entidad ha disminuido respecto de la situación que encontró su gobierno en octubre
Deportes Alan Cervantes causa baja de la Selección Mexicana por lesión; Isaías Violante toma su lugar
Alan Cervantes, jugador del América, causó baja de la convocatoria de la Selección Mexicana, detalló la FMF en un comunicado

El estado de Guerrero es el primero que cruza en México de la condición de estado fallido a la de estado perdido.

Se llama estado fallido al gobierno que no puede establecer sustantivamente la ley y la seguridad sobre el territorio que domina. La expresión se usa para referirse a Estados nacionales. Pero ha empezado a usarse para gobiernos locales, o subnacionales, como se dice ahora.

Cuando se mira lo que nos muestra cada día el estado mexicano de Guerrero, tenemos la impresión de que pasó, como digo, de ser un estado fallido a ser un estado perdido.

Ni los gobiernos locales ni el gobierno nacional pueden garantizar ahí la seguridad y la ley. Los gobiernos locales son cómplices o impotentes ante la fuerza criminal que los desborda, y el gobierno nacional ha concedido que en ese estado hay una violencia que no puede controlar.

El Presidente de la República no puede caminar por las calles de Acapulco desde que la destruyó el huracán Otis. El Presidente acude sólo a la base naval y se mantiene en ella, a buen resguardo.

Les habla a los guerrerenses de lejitos porque no quiere arriesgarse a la respuesta que tendría de cerca.

El resto del estado de Guerrero es una tierra de nadie por cuyo control combaten ferozmente bandas de psicópatas que son ya una especie de segundo Estado, ponen impuestos, extorsionan a la población, matan a quienes se le resisten y a sus opositores.

Los obispos del estado se han dado a la tarea de pacificar a esos delincuentes, y el gobierno nacional, en vez de asumir eso como su tarea, les ha dado su abstinente beneplácito.

Peor: el Presidente declaró que hubo un momento en que los delincuentes querían enfrentar a las fuerzas federales y que, en aras de la paz, él decidió que no se enfrentaran, ordenó que las fuerzas del gobierno, la Guardia Nacional, se echaran para atrás.

Eso hicieron.

En esa mismísima decisión de no enfrentar a los delincuentes, el Presidente declaró que le concedía al crimen el control de Guerrero y que Guerrero es un estado perdido para la República.

Al menos mientras la gobierne este Presidente.