Minuto a Minuto

Entretenimiento Muere en Argentina integrante del espectáculo infantil ‘Bely y Beto’
De acuerdo con la información difundida, Samuel Garza acompañaba al equipo de Bely y Beto durante la etapa de la gira por Argentina cuando ocurrió el fallecimiento
Internacional Delcy Rodríguez asegura que trabaja en “plan maestro” para la reconstrucción de Venezuela
Rodríguez aseguró que su administración ya trabaja en un plan para La Guaira que permita su recuperación en infraestructura y vivienda
Nacional Decomisan más de ocho millones de cigarrillos falsos en Colima
La ANAM detalló que el decomiso de cigarrillos es el resultado de las medidas de control implementadas de manera coordinada entre las instituciones
Nacional UNAM suspende temporalmente inscripciones y entrega de documentos para licenciatura
La UNAM señaló que la revisión del Concurso de Ingreso 2026 continuará hasta concluir las acciones para garantizar la certeza del proceso
Nacional Despiden a Valentín Lavín Romero, alcalde de Temoac, en medio de un gran dispositivo de seguridad
El homenaje a Lavín Romero no pudo realizarse en la presidencia municipal porque la Fiscalía de Morelos mantiene el inmueble bajo resguardo

El estado de Guerrero es el primero que cruza en México de la condición de estado fallido a la de estado perdido.

Se llama estado fallido al gobierno que no puede establecer sustantivamente la ley y la seguridad sobre el territorio que domina. La expresión se usa para referirse a Estados nacionales. Pero ha empezado a usarse para gobiernos locales, o subnacionales, como se dice ahora.

Cuando se mira lo que nos muestra cada día el estado mexicano de Guerrero, tenemos la impresión de que pasó, como digo, de ser un estado fallido a ser un estado perdido.

Ni los gobiernos locales ni el gobierno nacional pueden garantizar ahí la seguridad y la ley. Los gobiernos locales son cómplices o impotentes ante la fuerza criminal que los desborda, y el gobierno nacional ha concedido que en ese estado hay una violencia que no puede controlar.

El Presidente de la República no puede caminar por las calles de Acapulco desde que la destruyó el huracán Otis. El Presidente acude sólo a la base naval y se mantiene en ella, a buen resguardo.

Les habla a los guerrerenses de lejitos porque no quiere arriesgarse a la respuesta que tendría de cerca.

El resto del estado de Guerrero es una tierra de nadie por cuyo control combaten ferozmente bandas de psicópatas que son ya una especie de segundo Estado, ponen impuestos, extorsionan a la población, matan a quienes se le resisten y a sus opositores.

Los obispos del estado se han dado a la tarea de pacificar a esos delincuentes, y el gobierno nacional, en vez de asumir eso como su tarea, les ha dado su abstinente beneplácito.

Peor: el Presidente declaró que hubo un momento en que los delincuentes querían enfrentar a las fuerzas federales y que, en aras de la paz, él decidió que no se enfrentaran, ordenó que las fuerzas del gobierno, la Guardia Nacional, se echaran para atrás.

Eso hicieron.

En esa mismísima decisión de no enfrentar a los delincuentes, el Presidente declaró que le concedía al crimen el control de Guerrero y que Guerrero es un estado perdido para la República.

Al menos mientras la gobierne este Presidente.