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Jorge Andrés Castañeda y Sebastián Garrido han demostrado en la revista Nexos que, como inicio de su batalla contra el huachicol, el nuevo gobierno ordenó cerrar los ductos en el momento en que tenía menos combustible en sus terminales de almacenamiento y mayor demanda en el mercado (https://bit.ly/2AYwdB8).

Diciembre de 2018 iba a ser el de mayor consumo de gasolinas del año, muy superior al del año anterior y al promedio de todos los diciembres registrados.

Se preguntan los autores: ¿Por qué el gobierno eligió ese, el peor momento de abasto y de demanda, para añadir, a la escasez existente, la provocada por el cierre de los ductos, que congestionó las terminales marítimas e impidió descargar los buques tanque que esperaban turno en el mar frente a las tomas de Pemex?

El gobierno no ha dado una explicación, pero las existencias de gasolina muestran con claridad que el desabasto era anterior al 27 de diciembre, día del anuncio de la guerra contra el huachicol y del cierre de los ductos.

La demanda esperada de diciembre era de 850 mil barriles diarios, pero entre la producción nacional y las importaciones, sumadas, había solo 744 mil.

El desabasto venía de noviembre. En las dos últimas semanas del gobierno de Peña Nieto”, dicen Castañeda y Garrido, “al menos cuatro de las 75 Terminales de Almacenamiento y Reparto (TAR) de Pemex tenían inventario de cero barriles”.

Pero para el 28 de diciembre, al día siguiente del anuncio del cierre de los ductos y la guerra contra el huachicol, “había ya diez TARs vacías: Gómez Palacio (Durango), Pachuca (Hidalgo), El Castillo y Zapopan (Jalisco), Cuernavaca (Morelos), Zamora (Michoacán), Tepic (Nayarit), Querétaro (Qro.), Ciudad Victoria (Tamaulipas) y Matehuala (SLP)”.

Con o sin la declaración de guerra al huachicol, enero habría sido el mes de la escasez y el desabasto. El gobierno parece haberse fugado hacia delante invocando una causa irrefutable, su combate al huachicol, para justificar la situación de escasez existente.

La operación fue un éxito político, como sugirió ayer en MILENIO Fernando Escalante, pero el problema de fondo sigue, sellado con el crespón de luto de los muertos de Tlahuelilpa.