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La renuncia de Alejandro Gertz Manero a la Fiscalía General de la República, tal vez sea la primera acción de Claudia Sheinbaum contra el legado de López Obrador. El fiscal más longevo en resentimientos y más breve en explicaciones, dejó el cargo dos años antes de lo previsto, justo cuando ya todos nos habíamos acostumbrado a que la FGR marchara al ritmo de su muy propio y pausado metrónomo institucional.

Fiel a su estilo, Gertz Manero no dejó una carta de renuncia, un mensaje sincero, o una declaración. Presentó un oficio seco, insustancial. Un mensaje que olía a trámite obligatorio. La versión oficial —porque toda renuncia necesita un acto de magia— dice que fue una invitación presidencial con mucha cortesía y reconocimiento a su meritoria labor para convertirlo en embajador de México en “un país amigo”. Nunca se dijo cual, quizá para que todos pudiéramos jugar a la lotería diplomática: ¿será Uruguay? ¿Será Portugal? ¿Será Alemania? ¿Será algún lugar donde no lo conozcan?

Hizo su aparición el senador priista —antiguo aliado de Manlio que hoy factura en la pandilla de Alito— Manuel Añorve, quien al parecer vivió un deja vú al ver la forma en que la doctora Sheinbaum “conminó” a renunciar al fiscal; el legislador sin empacho alguno —ni ganas de empacharse— criticó la actuación de la presidenta: “Esto no es renuncia, es instrucción, es un manotazo” —afirmó. Seguramente en su fuero interno, el guerrerense sintió nostalgia de la época dorada del PRI cuando había manotazos, codazos, arañazos, portazos y hasta balazos para arreglar este tipo de asuntos.

Desde Morena también hubo quienes dijeron que en su paso por la fiscalía Gertz Manero había incurrido en violaciones constitucionales suficientes para justificar su defenestración, entre otras la de jamás haber presentado al Senado el Plan Estratégico de Procuración de Justicia a lo que estaba obligado cada tres años. Lo dijeron con ese tono solemne que usan los políticos cuando quieren sonar muy institucionales pero también un poco vengativos. Ante esta acusación, vale preguntar: ¿Por qué no objetaron en su momento la falta?

Además todos recordaron —porque el archivo de la opinión pública nunca borra nada— la ralentización con la que la FGR operaba —desde antes que se pusiera de moda esta palabra— en ciertos casos, especialmente aquellos que no parecían estar en la lista de intereses prioritarios del fiscal. Por supuesto que volvió a flotar en el ambiente el fantasma del caso de su familiar política, aquel episodio que se volvió chisme nacional y material inagotable para analistas, críticos y tuiteros. Se habló del presunto uso personal de las instituciones y de esas interferencias que, según los observadores, mostraban que el fiscal tenía el don prodigioso de convertir cualquier asunto privado en cuestión de Estado… siempre que fuera su asunto.

La lista de casos pendientes de resolver para quien lo sustituya es más gorda que una ballena embarazada: temas de corrupción como los de Segalmex, Conade y Conacyt, procesos heredados del peñanietismo como el de la estafa maestra y el de Odebrecht —¿en dónde está Emilio Lozoya?, y asuntos de última hora como el del huachicol fiscal o el de Raúl Rocha Cantú.

Servidor público bajo gobiernos de todos los colores: priistas, panistas, lopezobradoristas, camaleón político que sobrevivió a cambios de régimen como quien cambia de corbata. Y ahora en una vuelta de tuerca digna de una serie de streaming se encamina al servicio exterior. Y así, ahora resulta que México exporta aguacate Hass y exfiscal Gertz. Si el país destino es, efectivamente, un “país amigo”, habrá que ver si sigue siéndolo después de su paso por él.

Punto final

Por lo que se sabe Alejandro Gertz Manero, posee un doctorado en mecánica de adaptación ya que su ideología es la permanencia. Su renuncia surrealista es la confirmación de que un hombre que nunca se va puede llegar a un nuevo cargo.