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Tendremos que reaprender esto: en el corazón del partido de Estado hay tensiones y pleitos por el poder. Esa pluralidad dentro del partido de Estado no es democrática, ni abierta. Es opaca y subterránea, sujeta a reglas no escritas, pero es el único espacio de verdadera competencia por el poder.

No hay que abundar mucho en eso con quien recuerde o haya estudiado las épocas clásicas del PRI. Probablemente, una minoría de la población.

En la historia de los partidos de Estado clásicos, los partidos comunistas, el puesto fundamental era el del secretario de Organización del partido. Era la pieza de control burocrático del destino de la clase política, la pieza a través de la cual ganaban el poder los dirigentes luego todopoderosos del Estado, Lenin, Stalin o Mao, que fueron líderes duales del gobierno y del partido.

En la historia de partidos de Estado menos brutales, como el PRI mexicano, la pieza fundamental era la Presidencia de la República. La Presidencia mandaba sobre el partido y éste sobre el destino de la clase política.

Pero el presidente duraba sólo seis años.

La sucesión presidencial en Morena, el nuevo partido de Estado que gobierna México, presenta una novedad inesperada respecto de esta tradición. Primero, no está claro que la presidenta Sheinbaum mande sobre el partido. Parece mandar su antecesor.

Segundo, el secretario de Organización de Morena es el hijo del antecesor.

La suspicacia mexicana no necesita aguzarse mucho para ver que en ese secretario de Organización del nuevo partido de Estado hay una apuesta presidencial del presidente anterior.

Una apuesta de lo que antes se llamaba futurismo: el diseño anticipado bajo cuerda de la nominación presidencial.

Con malicia o candor propios de su puesto, el secretario de Organización de Morena, Andrés Manuel López Beltrán, ha dicho estar harto de que lo llamen Andy, como lo llaman de cariño, porque eso es robarle el nombre y el legado de su padre, Andrés Manuel López Obrador.

¿Legado? ¿Herencia? ¿Futurismo dinástico?

Creo que quien ha visto con claridad estos signos es mi compañero de páginas en MILENIO, Joaquín López-Dóriga.

Ve un lema de campaña futura que dice: Vota por Andrés Manuel.