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Los analistas técnicos, esos que trazan rayitas en las gráficas, anticipan que el peso mexicano está en una tendencia de depreciación, pero se les pueden escapar aspectos como los tuits de Trump

¿Es de verdad tan difícil creer que una amenaza nuclear de Corea del Norte y una respuesta colérica de Estados Unidos son capaces de depreciar la cotización del peso frente al dólar?

Hay quien sigue casado con la paridad cambiaria y la ve como parte de la mexicanidad. Creen que un peso depreciado es igual a un honor nacional mancillado. Y la verdad es que no es así.

Muchos comentadores sin herramientas de análisis pero con acceso al público menos creerán que un reporte inflacionario de 
Estados Unidos es capaz de influir en la relación del peso con el dólar. Nada que no suene a complot nacional les cuadra.

Los analistas técnicos, esos que trazan rayitas en las gráficas, anticipan que el peso mexicano está en una tendencia de depreciación. Pero incluso a ellos se les pueden escapar aspectos imponderables que influyen en esos mercados. Por ejemplo, un tuit de Trump.

¿Debemos creer al régimen de Kim Jong-un cuando dice que tiene el dedo en el botón que lanzará cuatro misiles en contra de las instalaciones militares de Estados
Unidos en la isla del Pacífico de Guam?

¿Qué tanta credibilidad hay que dar a la respuesta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien urgido de escándalos que alejen a la opinión pública de la atención del Rusiagate promete fuego y furia en contra de Corea del Norte como nunca se ha visto?

¿Se pueden pues creer las amenazas de estos dos polémicos y coléricos líderes que tienen acceso a armas nucleares? Por lo pronto la reacción de los mercados ha sido de precaución. No hay más.

Lo que realmente mueve los mercados globales de forma clara es la expectativa de hacia dónde puede dirigirse la política monetaria de Estados Unidos.

Un banco como la Reserva Federal, que tiene que cuidar los equilibrios entre inflación y crecimiento, tomará en cuenta esas variables para decidir su política monetaria.

Si la inflación llegara a acelerar su incremento, es un elemento más pero no el único para que se apresure el aumento del costo del dinero. Pero si como vimos el dato de los precios al productor de julio pasado lo que hay es una inesperada baja, eso relaja los ánimos un rato a la espera del siguiente dato que crispe los nervios de los que participan en los mercados.

Si el índice de precios al consumidor en Estados Unidos no se enfila hacia la meta de 2% y por el contrario se encuentra en el camino bajas, no hay razón inflacionaria para subir las tasas. Quedarán las razones de empleo, salario, producción, etcétera.

En ese ánimo de equiparar el peso con un símbolo patrio nos puso contentos ver la paridad de la moneda nacional frente al dólar por debajo de los 18, y ahora que está de vuelta en un nivel más cercano a 18.50 nos preocupamos y hasta enojamos.

Y más nos enfurecemos cuando los predicadores dudan de los efectos externos en la paridad peso-dólar; pero, si el mundo no es estático, parece que hasta ahora lo mejor ha sido usar el tipo de cambio como el pararrayos de esos hechos relevantes que sí existen allá afuera.