El desmantelamiento de la democracia en Estados Unidos, aspecto crucial del Proyecto 2025, avanza a pasos agigantados sin que el ciudadano común pueda aún percibirlo
El desmantelamiento de la democracia en Estados Unidos, aspecto crucial del Proyecto 2025, avanza a pasos agigantados sin que el ciudadano común pueda aún percibirlo.
De acuerdo al documento, “maximizar el derecho individual a una mejor vida y disfrutar de la bendición de la libertad” representa una “igualdad radical,” no solo libertad para todos; no solo derechos, sino autoridad” que, dice el proyecto, “los ricos y poderosos han odiado en esta democracia, desde 1776.”
Con la presidencia más fuerte en la historia, tras someter al Congreso y despojarlo de funciones constitucionales, como la declaración de guerra contra Irán, aún no autorizada, o el manejo a su antojo de asignaciones del presupuesto federal, sin rendición de cuentas; gobernando bajo órdenes ejecutivas, tras eliminar sistemas de control y vigilancia, respaldado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el presidente Donald Trump canceló protecciones legales a grandes sindicatos de burócratas, con la hipótesis del “Estado profundo”, y despidió a más de 300 mil empleados que reemplazó por militantes leales.
Así creó DOGE, para obtener información confidencial de todos los contribuyentes y beneficiarios de programas de gobierno, recortar presupuestos de Medicare y Medicaid, de investigación científica y tecnológica, eliminar USAID, el Departamento de Educación y otras agencias federales o aplicar desestabilizadoras tarifas globales ilegales o iniciar la guerra instigada por Israel, que agudiza la carestía de combustibles, de alimentos e insumos, sumiendo en mayor pobreza a quienes ilusamente creyeron sus promesas huecas de una vida mejor.

Históricamente, el hambre ha sido herramienta de control masivo de las dictaduras y gobiernos totalitarios, igual que la supresión de la libertad de expresión, pilar de la democracia, ahora en complicidad con oligarcas que le apoyan, adquiriendo los medios de comunicación más influyentes para despedir a críticos, interconectar plataformas, empoderar nuevos influencers y algoritmos, no para esconder la verdad, sino para manejarla y distorsionarla, de acuerdo a su agenda.
Josh Hutcherson, quien protagoniza a Peeta Mellark en el filme Los juegos del hambre, destaca el paralelismo entre la época de Trump y la sociedad orwelliana de la película en que participó, por la disparidad en la riqueza, el sufrimiento y la erosión de la confianza institucional, bajo un gobierno que aterroriza con redadas, militariza la frontera y explota el nacionalismo, con la falsa narrativa de una nación asediada por enemigos, para controlar emocionalmente a sus seguidores, incapaces de ver la realidad.
Trump rechaza el periodismo crítico y de denuncia, ataca a medios de comunicación y periodistas, como este fin de semana, en la segunda versión de la Cena Anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, luego de que la primera fue interrumpida por el presunto atentado contra su vida, en abril.

De piel sensible y sin comprender el fondo y beneficios del periodismo crítico e independiente, valiente trabajo que fue premiado en ese evento, como la revelación de 6 reporteros del diario Wall Street Journal sobre los archivos de Jeffrey Epstein, a pesar de amenazas de demanda de Trump por 20 mil millones de dólares y acoso a sus familias, con la filtración de información confidencial que obligó a los periodistas a cambiar de residencia para la seguridad de sus familias, sin dejar de escribir.
Reconocimientos a la periodista Kaitlyn Collins, de la cadena CNN, y Josh Dawsey, del WSJ, por Excelencia en la Cobertura Presidencial, que el presidente trató de desvirtuar.
Al día siguiente, en su red social, ofensivamente comparó a Kaitlyn Collins con la modelo transgénero Dylan Mulvaney.
Sin contar con el resultado de la elección de medio término a mediados de año, Trump confía en la extinción del periodismo crítico tan pronto sus amigos oligarcas controlen los más influyentes medios de comunicación.
El millonario judío David Ellison, dueño de Oracle, compró Paramount y CBS News para eliminar el programa de 60 Minutes que conducía el periodista crítico Scott Pelley, así como a docenas de periodistas y productores, y está por adquirir la empresa Warner, incluyendo Discovery y CNN, para hacer lo mismo.

Mientras 40 millones de estadounidenses de bajos ingresos enfrentan una creciente inseguridad por la eliminación de programas de ayuda y precios cada vez más altos de combustibles, insumos y alimentos a causa de la guerra de Irán, el presidente Trump, sus hijos y su círculo incondicional disfrutan de una increíble bonanza económica, bajo una rampante corrupción nunca vista en este país.
La Organización Trump, con la que el presidente acumuló una fortuna de 3 mil millones de dólares en toda su vida antes de asumir la presidencia por segunda ocasión, creció sorpresivamente en este segundo mandato a la participación en 500 empresas de bienes raíces, casinos, hoteles y campos de golf que se han expandido a Java, Indonesia; Dubái; Doonbeg, Aberdeen y Ayrshire, en Irlanda; en Yeda y Wadi Safar, en Arabia Saudita; Jordania, Catar, Siria, Vietnam y Maldivas.
A los que se sumarán otros en Mascate, Omán; Dubái, India, Indonesia, Bucarest y Tiflis, Georgia.
Además, tras flexibilizar las reglas federales para criptomonedas, tokens y memes, sus empresas World Liberty Financial, CIC Digital LLC y WLF’s Holding Company, afiliadas a la Organización Trump, durante 2025 dejaron ganancias de 2,000 millones de dólares en solo un año.
Las inversiones de la familia Trump incluyen bebidas, Truth Social, además de 14 empresas mineras para la extracción de tungsteno y 12 minerales magnéticos raros, críticos para la fabricación de chips de IA y computadoras, la última de ellas en Kazajistán, asociados con los hijos de Howard Lutnick, secretario de Comercio, quienes recibieron apoyo del gobierno de mil 600 millones de dólares de los contribuyentes y contratos con el Departamento de Defensa, de acuerdo al diario Financial Times.
Cuando el presidente Trump canceló la importación de drones chinos, Donald Trump Jr. se sumó a la empresa Powerus, que fabrica drones para uso militar e industrial con inteligencia artificial, la cual ya tiene un contrato por 1,100 millones de dólares del Departamento de Defensa.

Vulcan Elements, otra empresa ahora con participación de los Trump, recibió otro “préstamo” de 620 millones de dólares del Pentágono para consolidarse, crecer y obtener jugosos contratos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, de acuerdo a la agencia Associated Press.
Y mientras el presidente Trump se dispone a eliminar restricciones para la venta de armas, municiones, cargadores y accesorios a través de internet, Donald Trump Jr. se asoció a la empresa “GrabAGun” o “Toma una Pistola”, creada por Marc Nemati hace 16 años, que trata de ser el Amazon para la compra de armas digital, suprimiendo la verificación de identificación del comprador, antecedentes penales y entrega en mano propia, lo cual el mandatario aseguró a Nemati que será removido.
Ahora, ante la crisis de petróleo a causa de la guerra contra Irán, instigada por Israel, que ocasiona desabasto global, la familia Trump decidió invertir en la energía nuclear, proponiendo la fusión de Truth Social con el gigante generador de energía TAE Technologies, que compite en el mundo para desarrollar la primera planta eléctrica de fusión nuclear que generaría temperaturas de 100 millones de grados Celsius, en un convenio de 6 mil millones de dólares.
Lo que se espera deje una fortuna mucho más grande que el primer año de este segundo mandato a los Trump, en contra de las reglas y cláusulas de la Constitución de este país para impedir la corrupción usando la oficina más importante del mundo para el enriquecimiento personal.

