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Durante siglos, y hasta que irrumpieron los Estados Unidos en este negocio, que no es otra cosa, los estados europeos provocaron y alojaron en sus territorios la mayor parte de las guerras. Herederos de los dominios feudales, los europeos hicieron los Estados-Nación y en tal virtud vieron la necesidad de expandir sus límites a costa de los vecinos; así surgieron las guerras históricas.

En consecuencia, los daños mayores de todas las guerras fueron en sus ciudades. Dejando fuera la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, las huellas de la Segunda Guerra Mundial pueden verse todavía en lo que que queda de las viejas Varsovia, Dresden, Riga o el viejo Berlín. Londres ya sanó de cicatrices. Estados Unidos no sufrió un rasguño.

Gradualmente, los europeos ya no están en edad de recordar esas grandes guerras; si acaso los genocidios de la vieja Yugoslavia. Los europeos de mi edad conocieron la guerra solamente de oídas, por crónicas, o por el resonar lejano de bombardeos, mientras sufrían su niñez en los refugios. Tienen, desde luego, la memoria de que hubo una guerra y puede siempre haber otra.

Y, sin embargo, desde noviembre del año pasado y, a consecuencia del desarrollo político de los Estados Unidos y su presidente, países tan alejados al combate como Finlandia y Suecia han emitido leves mensajes de alerta hacia el continente, pero muy severos hacia sus ciudadanos. Bajita la mano, sugieren que suecos y finlandeses vayan almacenando provisiones y artículos de emergencia para cualquier contrariedad seria inmediata; al menos para 72 horas. La memoria del aislamiento por el Covid es cercana; más lo es la amenaza de Rusia, que no parece conformarse con la entrega de Ucrania.

Y no se trata de especulaciones: Europa ya no puede depender para su defensa de los Estados Unidos a través de la OTAN: Trump se los ha dicho muy claro, que su país solo no está dispuesto a cargar con el financiamiento de esa barrera militar para Moscú, y que tienen que dedicar el 2.5% e su PIB a su defensa.

“Europa debe prepararse para la guerra”. No lo digo yo, lo dice doña Ursula Von der Layen, presidente de la Unión Europea desde 2019. Es una vieja máxima de los bolcheviques: para garantizar la paz tienen que prepararte para la guerra.

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Me recordé en estos días, en que algunos mexicanos se dan golpes de pecho en nombre de la protección de los toros para evitarles que mueran en la fiesta, mientras ellos se despachan un buen bife en restaurantes argentinos, un texto de mi segundo año de primaria. En el libro de lectura, que se llamó Poco a Poco, se reproducían unos versos de Garcilaso de la Vega, notable militar y poeta español de siglo de Oro quien murió en 1513.  Son unos versos ligeros, que dedico a los solícitos protectores de los otros animales, y se oponen a su sacrificio.

“Suelta ese pollo, maldito,

dijo al gavilán el hombre.

Tu crimen no tiene nombre,

cometes un gran delito.

Pero el gavilán, ahíto,

responde alzando la voz:

caballero concienzudo,

diga usted ¿qué es más atroz,

comerse el pollo así crudo,

o cocido con arroz?”

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