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La buena noticia es que los analistas financieros estiman que durante este primer trimestre del año la economía finalmente podrá tener un comportamiento positivo.

La mala es que ni este trimestre ni los tres restantes del 2020 esperan un crecimiento lo suficientemente dinámico para alcanzar 2% en el que insiste la Secretaría de Hacienda.

Y mientras logremos defender que en este país se mantenga el Estado laico, cada quien tiene libertad de creer en lo que quiera. Y, si en la 4T quieren creer que la economía va a crecer 2% este año, la realidad podría otra vez dejarlos en evidencia.

Como sea, el presidente Andrés Manuel López Obrador nunca cambió su pronóstico de crecer a 2% durante el 2019, pero la terca realidad y su resultado negativo de -0.1% echó por tierra la estimación presidencial.

El problema es que, si la Secretaría de Hacienda no se mueve ni un milímetro hacia lo real, no cambiará tampoco el resto de sus estimados y eso llevará a errores financieros. Y ése sí es un problema. Si la autoridad aceptara una expectativa de crecimiento menor al estimado, necesariamente tendría que reconocer que los ingresos serían menores y por lo tanto hacer cálculos para gastar menos que lo presupuestado.

Pero mantenerse en el “no pasa nada” con el crecimiento hace que la 4T ni vea ni oiga las señales de estancamiento y por lo tanto mantenga la cartera abierta, sobre todo en sus proyectos asistencialistas que tantos recursos consumen.

Y ya no cabe eso del beneficio de la duda cuando este gobierno había prometido un crecimiento de 4%, rectificó a 2% y consiguió un resultado negativo de expansión del Producto Interno Bruto, y todo atribuible a sus propias políticas públicas.

La verdad es que ese optimismo gubernamental suena a propaganda cuando se ve en el mercado que no hay un solo analista serio que se atreva a subirse a esa estimación de que el PIB mexicano va a crecer 2% este año.

La más reciente encuesta entre especialistas del Banco de México tiene una media en las estimaciones de 1% para este año y por intervalos; son más los que creen que ese resultado puede bajar a un rango de entre 0.5 y 0.9% que aquellos que le apostarían a un rango de entre 1.5 y 1.9 por ciento. Y ni hablar de los analistas que desde hoy ya apuestan por un 2020 con otro decrecimiento económico.

El nivel de confianza de estos analistas se inclina hacia el terreno pesimista, tanto como los indicadores de confianza empresarial que dio a conocer el Inegi y que están todos en el terreno negativo. Y sin capitales privados que se animen a invertir no hay manera de crecer.

No se pueden negar los esfuerzos extraordinarios de la autoridad fiscal para buscar por donde sea esas políticas públicas que restauren la confianza y con ello el crecimiento. Pero el faro que debe guiar la confianza y que está en lo alto de la pirámide gubernamental de la 4T se mantiene apagado, ensimismado en su visión fallida de proyectos inviables e ideas fijas.