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El problema de la Presidencia va más allá del desastre que debe administrar. Es que se rehúsa a tener voz propia para hacerlo: gobierna imitando la voz política de López Obrador: las pausas prolongadas, las ofensas, a veces hasta el acento y los chistoretes.

Y no se trata de su voz natural, esa que cada persona tiene por disposición física. Tiene que ver con su voz política, la que modelan al hablar en público quienes gobiernan personas. Esa voz, bajo presión, se torna despreciativa, ofensiva, dura: una navaja oxidada.

A quienes culpan al gobierno por ineficaz, a la hora de impedir el asesinato de Carlos Manzo, los llamó “carroñeros” y “buitres”; a quienes culparon a Nahle por no prever las inundaciones de Veracruz, los llamó “ruines”, “zopilotes”, “actúan con saña”.

Y se burla del empresario Ricardo Salinas, cantando con tono tabasqueño de López Obrador “toma chocolate, paga lo que debes”, el pegajoso estribillo del chachachá El Bodeguero, del flautista cubano Richard Egües, popularizado por la Orquesta Aragón.

A López Obrador le salían generalmente bien los chistoretes, no especialmente por gracia personal (sus expresiones también eran despreciativas, ofensivas, duras: una navaja oxidada), pero, además de que los chistoretes no son transferibles, él es él, y ella, es ella.

La presidenta debe encontrar su propia voz política para tratar con los mexicanos: la aplaudan o no, la apapachen o se burlen, porque juró y aceptó ser presidenta de todos. El lunes llegó al extremo de amenazar oficialmente a quienes no la quieren.

Es muy grave, porque así Sheinbaum no actúa como la mandataria de un país que, en su Constitución, todavía se denomina democrático: actúa al estilo de Raúl castro, Daniel Ortega, Xi Jinping, Putin, Paul Biya, Teodoro Obiang, Alí Jamenei o Kim Jong-un.

Así lo advirtió:

“Pedí una revisión de las cuentas, que ya la vamos a presentar: cómo fue que se dio este… Porque hay mucho dinero involucrado, muchísimo, mucho dinero, en levantar tendencias, en impulsar mentiras, para ir generando un ambiente, o confundir. Entonces, eso también hay que decirlo”.

Y lo dijo, flaqueada por sus jefes de las fuerzas coercitivas del país, operaciones inteligencia, contrainteligencia y quienes controlan los datos médicos y civiles: sus secretarios de Defensa, Marina y Seguridad Ciudadana, y directores del IMSS y Profeco.

Provoca miedo la presidenta: con su tono de voz política despreciativo, ofensivo y duro, pidió “una revisión de las cuentas” en redes sociales. Y se lo pidió a quienes tienen las armas, operan la inteligencia y la contrainteligencia, y controlan datos médicos y civiles.

Sí, ella debe encontrar su voz política propia, que transmita armonía, convicción y autoridad; nunca miedo.

Y, hay que insistir, que no tiene nada que ver con su voz natural.