Donald Trump creó la devastadora tormenta política, que hizo colapsar el apoyo que tuvo y podría significar el fin de su carrera y de los multimillonarios negocios que hace, al amparo de su poderoso cargo
Descarrilando la dinámica recuperación económica que recibió de su antecesor Joe Biden, propiciando el aumento de la inflación de 2.3% a 3.6% y amenaza convertirse en recesión, el presidente Donald Trump creó la devastadora tormenta política, que hizo colapsar el apoyo que tuvo y podría significar el fin de su carrera y de los multimillonarios negocios que hace, al amparo de su poderoso cargo.
Todas las encuestas revelan el impresionante avance de una ola azul en la elección de medio término, que —sumada al número de republicanos que no piensa votar— parece indicar que arrebatará a los republicanos el control de las dos Cámaras del Congreso, aún en estados tradicionalmente conservadores, donde Trump había ganado sin problemas.
Todo, por el descontento contra su gestión, plagada de políticas fallidas como eliminar 1.4 trillones de dólares de impuestos a multimillonarios, que financiaron su campaña, dejando la carga fiscal a la clase media y rebasando el límite de 40 trillones de dólares de la deuda externa, agudizando la desigualdad social, tarifas que golpearon fondos de retiro, desestabilizaron la economía global e incrementaron el costo de la vida.
Sobre todo, la guerra contra Irán, sin estrategia ni objetivos claros, de la que no puede salir; que entra en el octavo mes, con un alto costo de vidas humanas, destrucción, mientras drena la economía estadounidense, que rebasó el límite de su deuda externa y el arsenal estratégico de defensa, para júbilo de fabricantes de misiles, armas y equipo militar, que reciben jugosos contratos.
Guerra que, en su desesperación por someter a Irán, analiza extender, con la invasión de una fuerza terrestre de casi 100,000 integrantes de la División 82 de Asalto Aéreo y de la 13a. Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina, 4 portaviones, el USS Abraham Lincoln, USS Gerald R. Ford, USS George H.W. Bush y USS George Washington, con sus respectivos grupos de apoyo, además de las Unidades de Asalto Anfibio USS Makin Island, USS Anchorage y USS John Murtha, desplazados de San Diego, California.
Las más recientes encuestas revelan que todas las maniobras de Trump y los republicanos para asegurar su victoria, como la Orden Ejecutiva 14399 para exigir prueba de ciudadanía para el registro y votación o la amañada aprobación de la Ley “Save America”, para federalizar la elección, dando atribuciones al gobierno federal en el proceso electoral, que la Constitución no le concede, fallaron ante un electorado molesto por la redistribución de distritos electorales, modificaciones estatales, límites a los horarios de votación y para conteo de votos y hasta para la obtención de información personal de los padrones de votantes de cada estado, a fin de comprobar la ciudadanía, autorizada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Ante el fracaso de sus esfuerzos para mantener el control republicano en el Congreso, vital para su gestión, el presidente Trump ha expresado que “no descarta la posibilidad de decretar una emergencia nacional e invocar la Ley de Insurrección, de 1897” para “garantizar la paz” como recomiendan integrantes de su equipo y sobre lo que advierte Peter Van Praagh, presidente del Foro Internacional Halifax de Seguridad.
Praga asegura que “si los republicanos enfrentan pérdidas significativas,” como se espera, “Trump orquestará un esfuerzo sistemático para impugnar resultados, argumentando fraude electoral,” o “injerencia externa” (como hizo Rusia, en 2016) para generar confusión y desconfianza en el proceso electoral e instituciones democráticas.”
Y maniobras similares las de la elección de 2020, cuando alentó a sus seguidores al Capitolio el 6 de enero de 2021, para impedir la certificación de Biden.
Recordó que Trump repite una y otra vez que “la única forma en que los republicanos podrían perder, sería en elecciones sucias,” y que el presidente despidió a responsables del Departamento de Justicia y Seguridad Interna, sustituyéndolos por “empleados leales.”
En cada evento de campaña, Trump repite su falso mantra de que “la economía de Estados Unidos es envidia de todos,” seguramente porque para él, su familia y socios en el gabinete y círculo cercano, así es, lo que promete mejorar con el “Acuerdo de Paz” para “terminar la guerra en Ucrania,” propuesto por el presidente ruso Vladímir Putin como “ejemplo” de que las dos superpotencias “pueden reconstruir su relación política, diplomática y comercial, “para reducir el costo de la energía.”

Aunque las propuestas de Rusia y Ucrania son radicalmente opuestas.
Oportunidades financieras que el presidente Trump no está dispuesto a abandonar, como ninguna de las 540 empresas de bienes raíces, de energía, hospitalidad, medios, campos de golf, mineras, fabricantes de drones asesinos con IA, en que participan él y su familia, en sociedad con Howard Lutnick, su secretario de comercio.
Incorporando al empresario estadounidense Todd Boehly, copropietario del equipo de béisbol Los Dodgers de Los Ángeles (quien donó 2 millones de dólares a las causas políticas del presidente Trump), el proyecto de Rusia, revelado tras una extensa investigación de los periodistas Antón Troianovski y Eric Lipton, del diario The New York Times, destaca el apoyo financiero de la Agencia Internacional de Desarrollo Financiero, con dinero de contribuyentes, que invierte y presta grandes sumas para proyectos en el extranjero.
Las familias del presidente Trump y el secretario de comercio Howard Lutnick, asociadas en 14 empresas más, obtuvieron 700 millones de dólares para la empresa Cove Kaz Capital Group, que explotará lo que afirman es un gran yacimiento de tungsteno y minerales raros en Kazajistán, con una concesión que les dio el presidente de ese país.
El ambicioso plan, del que seguramente el presidente Trump hablará con su homólogo ruso en la reunión del G20 en Mar-a-Lago en diciembre —a la que lo invitó, ignorando el malestar de aliados— sólo espera la aprobación de la Casa Blanca, el Congreso de Estados Unidos y el Kremlin, negociado en frecuentes viajes de Jared Kushner, yerno del presidente, y Steve Witkoff, socio de Trump.
“¡Tremenda oportunidad multimillonaria!” con Rusia, Rusia, Rusia… ¡Qué hasta hace poco era considerado enemigo tradicional de Estados Unidos!

Bajo el acuerdo se explotarán numerosos yacimientos de petróleo de Camerún, refinerías en Europa y estaciones de gasolina en Nueva Jersey, en beneficio de Rusia y Lukoil (a quien Estados Unidos levantaría sanciones económicas), en beneficio de los hermanos Moutaz y Ramez Al Khayat, de Catar, dueños de un multimillonario conglomerado de Catar y socios de Jared Kushner e Ivanka Trump, que financiarían su lujoso desarrollo turístico al sur de Albania.

También al jeque Tahnoun bin Zayed, máximo asesor de seguridad nacional de los Emiratos Árabes Unidos, quien compró dos mil millones de dólares de World Liberty, la empresa de criptomonedas de los Trump, manejada por el hijo de Steve Witkoff —socio y enviado especial del presidente a Medio Oriente, Rusia y Ucrania, además de ser socio de Kushner con el fondo Lunate—.
Por este y otros multimillonarios proyectos a su alcance y por otro eventual tercer impeachment o juicio político, así como investigaciones y posibles cargos a sus colaboradores cercanos y legisladores que le han apoyado, se teme que el presidente Donald Trump haga todo cuanto pueda por continuar en el poder, manipulando la elección con apoyo de legisladores que, callados y bajo control, aprueben cuanto se les ordene.

