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Uno de los lugares comunes para tratar de encontrarle el lado positivo a la 4T es que con estos políticos en el poder se tiene controlados a los grupos que podrían causar inestabilidad social, movilizaciones y bloqueos.

Vamos, que al ser ellos los principales promotores de las movilizaciones más numerosas y hasta violentas del pasado, ese sería un factor menos de preocupación.

Son ellos mismos los que propagan que si algún otro candidato hubiera ganado las elecciones del 2018, México estaría sumado en el caos de las movilizaciones, de sus movilizaciones.

Es verdad que ya no hay campamentos en Paseo de la Reforma para exigir la presidencia, porque ya tienen la presidencia.

La oposición política del Presidente no se sabe movilizar, por eso el propio López Obrador les llama ternuritas.

Pero también es un hecho que hay grupos que han encontrado espacios para crecer ante la falta de resultados gubernamentales o que se sienten decepcionados de la transformación prometida y que ahora retoman sus presiones. Lo mismo grupos criminales, que sindicatos o transportistas.

Si hay retenes de la delincuencia organizada en las carreteras, a plena luz del día, ante los ojos del Presidente no pasa nada, es una exageración de los conservadores. Él mismo ordenó la liberación de un presunto delincuente buscado por la justicia de Estados Unidos, con el argumento de que haber encarcelado a Ovidio Guzmán habría causado disturbios. Esto los hace crecer y expandirse.

Uno de los grupos que este régimen apapachó al inicio del sexenio fue el de los maestros disidentes. López Obrador echó para atrás la reforma educativa para regresarles sus prebendas y hoy la CNTE ya amenaza al gobierno con movilizaciones, paros y bloqueos si no consiguen más, mucho más.

El método de la cartera abierta ha sido ampliamente utilizado para sofocar intentos de levantamientos de grupos sociales. Pero muchos de estos grupos huelen la sangre de una necesidad política de mostrar orden y piden más.

En el caso de la Ciudad de México no son pocos los grupos que han obtenido lo que buscan del presupuesto capitalino. Pero conforme se acercan las fechas electorales clave, aumentan las presiones ante un gobierno que claramente no ha dado los resultados prometidos.

Son muchos los grupos que obtienen lo que buscan a través de presionar un poco a las autoridades del gobierno capitalino que busca desactivar con prebendas cualquier problema político-social. Eso ya lo notaron muchas agrupaciones y quieren su rebanada.

Pero también están esos temas espinosos como las tarifas del transporte publico concesionado. Tiene filos por todos lados, porque subir la tarifa implica afectar electores. Y, al mismo tiempo, incumplir las promesas a los transportistas afecta su negocio.

El precio del Metro de la Ciudad de México está congelado, aunque el servicio sea cada día peor por falta de recursos, porque la métrica de este gobierno no es la eficiencia y los resultados, sino la popularidad con miras a una candidatura presidencial.

Y esos grupos afines que hoy están tranquilos, podrían no estarlo en el futuro cercano. Aquellos que no obtengan una herencia electoral habrán de movilizarse y harán de esta ciudad y de este país parte de ese caos que se supone que no traería la 4T.

Son muchos los grupos que obtienen lo que buscan a través de presionar un poco a las autoridades del gobierno capitalino, que busca desactivar con prebendas cualquier problema político-social.