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Andrés Manuel López Obrador lo tiene escrito, siempre ha estado entre sus planes llevar a cabo contrarreformas en el sector energético para recuperar la función monopólica del Estado, porque él cree que México tiene que ser así.

Y va a usar todo su poder político, que no es poco, para que suceda, para dar ese enorme paso hacia atrás y conseguir ese esquema, por ahora en la industria eléctrica, que copie el modelo que México tenía en los años 70.

La voz de Andrés Manuel López Obrador es única entre sus seguidores, pero no es la voz de mando en una democracia como la mexicana.

La 4T va a presionar con todo lo que tenga, tanto de forma pública en sus mañaneras, como de forma privada con sus instrumentos de presión, para que la contrarreforma en materia eléctrica consiga la cantidad de votos necesarios que requiere para cambiar la Constitución.

Ahí está la amenaza, directa y abierta, del presidente López Obrador de “dar a conocer” a los legisladores que voten en contra de su iniciativa de contrarreforma eléctrica. Si esa es la advertencia pública, hay que esperar más de un ultimátum privado desde sus instancias persecutoras.

Pero, que no haya duda, esta contrarreforma al sector eléctrico es el más grande paso al precipicio que ha dado el gobierno de Andrés Manuel López Obrador desde que arrancó su gobierno. Cancelar el aeropuerto de Texcoco fue un autoatentado económico, muy dañino a la confianza, pero quedaría como un juego de niños frente a esta pretensión.

Sí, va a ser mucha la presión de la 4T, pero sería mayor el daño de permitir que transite un cambio de esa envergadura y los partidos políticos lo saben.

Los opositores, muy específicamente el PRI, deben aquilatar el daño de una contrarreforma como la recién presentada. Incluso, el Partido Verde Ecologista de México debería evaluar la trascendencia histórica de su postura en este tema.

No existen buenas razones, no hay una sola, que valgan la pena para apoyar la contrarreforma eléctrica de López Obrador. Si hay presiones, públicas o privadas, para que legisladores del PRI o de cualquier otro partido político tengan que respaldar ese cambio, que lo denuncien.

Hay países como Argentina que hubieran sobrevivido al populismo si tan solo no se hubieran metido con la Constitución. Ese país sudamericano no es confiable para nadie porque no tiene palabra legal, se modifican sus leyes por antojo y nadie arriesga su dinero donde no hay certezas.

México está en la antesala de la prueba legislativa más importante de su historia contemporánea y no es ninguna exageración. Lo que decidan diputados y senadores en estos meses en torno a la contrarreforma eléctrica va a marcar a este país mucho más allá de los dos años y fracción que le queda al mandato de López Obrador.

Hay muchas decisiones de política pública del actual gobierno que son debatibles y sujetas a interpretaciones o ideologías. Pero en esta, sus mismos seguidores deberían ver como el presidente Andrés Manuel López Obrador se equivoca claramente en un sector que nos puede ayudar a crecer o a hundir durante muchos años.