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El manejo financiero de un país merece, por decir lo menos, respeto. Y eso incluye una comunicación asertiva.

Presumían los populistas de los años 70 del siglo pasado que la economía se manejaba desde el despacho presidencial. No hay duda de que este sexenio, también. Pero ya llegar a que los comunicados de la Secretaría de Hacienda se redacten desde la oficina de propaganda de la autollamada Cuarta Transformación, ya es un exceso.

“Lamentamos que en las elecciones del BID continúe la política de más de lo mismo. Se eligió la propuesta del gobierno de Brasil, apoyada por Estados Unidos”.

Estas líneas del comunicado del domingo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público son propias del régimen de López Obrador, pero no dignas de la dependencia que encabeza Rogelio Ramírez de la O, quien llegó al puesto con un prestigio profesional.

Cuando López Obrador, o sus candidatos, pierden una elección de inmediato vine la descalificación, no sabe perder. Pero llevar eso a los extremos que deja ver en Hacienda ya es un exceso.

Efectivamente, Gerardo Esquivel quedó en tercer lugar de la votación para elegir al nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde el brasileño Ilan Goldfajn obtuvo 80% de los votos. No hay más.

Previamente Alicia Bárcena, candidata a la presidencia del BID del régimen de López Obrador, tuvo conocimiento de la desventaja que tenía y se retiró por “motivos personales”.

Esquivel, a quien claramente López Obrador ya no quiere respaldar para un periodo más como subgobernador del Banco de México, entró como relevo en una carrera previamente perdida.

En el mundo financiero, el próximo presidente del BID no merece mayor presentación es un buen perfil para una institución que, aunque no lo entienda López Obrador, necesita todo el respaldo de Estados Unidos.

Pero que no lo entienda el secretario Ramírez de la O, y que permita que en su nombre se emita un comunicado como el del domingo es algo que debería preocuparle al experto que se había ganado un nombre en ese cerrado mundo financiero.

López Obrador usa la tribuna presidencial para hacer política partidista y por ello ya perdió toda seriedad su comunicación.

Pero usar el nombre y el prestigio de Hacienda y su titular para hacer esa propaganda barata, mina la credibilidad de una institución básica para la estabilidad de todo el país.

La Secretaría de Hacienda y su titular Rogelio Ramírez de la O, no deberían permitir que se anule así su voz como una institución seria, profesional y con credibilidad, por la simple razón que en ello va el manejo financiero del país.

La secretaría que firma ese lamentamos el “más de lo mismo” y que reprocha el apoyo de Estados Unidos a un buen candidato para el BID, que resultó no ser el candidato de López Obrador, es la misma dependencia que tiene que cuidar que este régimen no se exceda en el gasto público y en el endeudamiento del país.

Se supone que ahí, en la Secretaría de Hacienda, están los expertos que tienen una visión amplia y sensata, que manejan las finanzas del país de forma profesional e institucional, sin caer en los arranques del poder político. Todo eso hoy está en duda.