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¿Qué va a hacer la Reserva Federal (Fed)? Esa es la pregunta que el viernes sonaba con mucha más fuerza después de que se dio a conocer el resultado de las nóminas no agrícolas al cierre de septiembre y el sorprendente incremento en la creación de plazas laborales durante el noveno mes del año.

El mercado esperaba la creación de 170,000 puestos de trabajo, de los denominados nóminas no agrícolas, cuando de hecho se crearon 336,000. La gran noticia social, por lo que le resuelve a más ciudadanos tener una ocupación, es un ruido en los mercados.

Si se mantienen las presiones inflacionarias, pero la economía crece y crea empleos, entonces abre la puerta para que la política monetaria se incline hacia incrementar más las tasas de interés.

La Fed no se cerró la puerta a nuevos incrementos. Al contrario, cuando a principios del verano el proceso de desinflación llevó el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de 9 a 3% anual, los banqueros centrales no cantaron victoria y dejaron abierta la posibilidad para nuevos aumentos si sucedía lo que hoy está pasando.

Este jueves se hará público en Estados Unidos el IPC de septiembre y si el dato rebasa la previsión del mercado de una inflación mensual de 0.3%, aumentará la especulación financiera en torno a un siguiente movimiento de alza el 1 de noviembre.

Esto ocurre porque el mercado sí cree en las advertencias de la autoridad monetaria de que si es necesario aumentará la tasa de interés referente de 5.50% actual hasta 5.75 por ciento. De hecho, el barómetro ya muestra 30% de participantes del mercado que creen que eso sucederá en poco más de tres semanas.

Eso es lo que tiene que hacer un banco central, comunicar y generar autoridad en sus expectativas. La Fed hizo muy bien en no adelantarse a creer que se habían acabado las presiones inflacionarias en junio pasado. Hoy, aquellas palabras de Jerome Powell, de dejar abierta la puerta a más incrementos, cobran más sentido.

En el caso de México, vemos cómo este mercado emergente es pasajero de la especulación con sede en los mercados estadounidenses.

El peso ha tenido una de las depreciaciones más pronunciadas entre las monedas emergentes, porque además de la incertidumbre monetaria en el mercado del dólar, hay factores internos de preocupación, por la salud de las finanzas públicas mexicanas y por los alcances autoritarios del último año de gobierno de López Obrador.

Y es ahí donde hace falta que el Banco de México corrija su discurso de haber llegado ya a la tasa terminal interbancaria y enseñe los dientes al mercado con una advertencia de mayores incrementos en caso de ser necesario.

Si el mercado mexicano cree más en las capacidades inflacionarias de una depreciación cambiaria acelerada que en el poder del arma monetaria del Banco de México para contener las presiones, viene la profecía autocumplida y se seguirán alargando los tiempos de espera para regresar a la meta oficial de 3% de inflación anual.

Es un hecho que, si de alguien no hemos sabido en estas semanas de elevada especulación y nerviosismo en los mercados por temas inflacionarios y monetarios en Estados Unidos, es del Banco de México.