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Se dice que un político puede aguantar todo menos el ridículo. No hay ridículo mayor que ser sorprendido en flagrancia en la sustancia misma del oficio, que es la maniobra: manipular, fingir, mentir, no digamos delinquir.

No hablo aquí de la flagrancia criminal, sino de la flagrancia pequeña, la que se da en el cuarto de los tiliches del poder, pero queda de pronto a la vista del público.

Flagrancia de cuarto de tiliches es lo que le pasó a la Presidenta en una de sus conferencias mañaneras de la semana pasada.

Iba su secretario de Salud, David Kershenobich, a informar sobre la situación sanitaria de los municipios inundados por las lluvias de octubre, y la Presidenta le dijo, en voz baja, sólo para sus sus oídos: “No digas los municipios afectados”.

O habló muy susurrado la Presidenta o su secretario no oye bien, porque, ya camino al micrófono, el secretario volvió sobre sus pasos para a escuchar lo que le decía la Presidenta y la Presidenta repitió: “No digas los municipios afectados”.

El micrófono de las mañaneras al que iba el secretario estaba abierto, y debe ser muy bueno, porque se oyeron las dos veces los susurros presidenciales: “No digas los municipios afectados”.

El secretario no mencionó los municipios afectados, y todo mundo supo por qué. Quedaron en flagrancia tanto la orden de callar como la razón del silencio.

El día anterior el secretario de Salud había cometido dos errores al leer los nombres de municipios afectados. Había dicho Guachinango por Huauchinango y Costa Rica, por Poza Rica.

Quizá la Presidenta quería sólo evitar nuevos gafes del secretario, pero es claro que quería también evitar que se supieran detalles poco agradables de las lluvias.

Fue una orden de control de daños, de ocultamiento de información. Un momento de pequeña manipulación, de pequeña política.

Un momento de flagrancia en el cuarto de los tiliches.

Quedó claro que, en momentos de apuro, la Presidenta está dispuesta a ordenar que se oculte información.

Lo sabíamos, pero lo oímos. Y la flagrancia es elocuente, habla muy claro.