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En México nos resulta extraño el término, pero no sus consecuencias. La realidad es que buena parte del sexenio anterior y, por lo visto, al menos el primer año de la actual administración, hemos vivido con bajo crecimiento, en algunos momentos en recesión, y con alta inflación.

Y así como no todo fue culpa de la pandemia del Covid-19 durante el sexenio de López Obrador, así, los decepcionantes resultados actuales de la economía mexicana no son todos responsabilidad de la política comercial del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

México ha agravado las calamidades mundiales en ese tramo coronavirus-Trump con muy malas decisiones internas, con políticas públicas que han destruido la estructura económica que permitía, al menos, un crecimiento inercial.

Ahora toca a los estadounidenses tratar de entender cómo es que cuando Joe Biden todavía era Presidente su economía se mantenía con crecimiento y una desinflación constante y ahora, con pocos meses de Donald Trump como residente, tienen que enfrentar una economía en desaceleración y una inflación que se resiste a mantener su ritmo de baja.

La estanflación es precisamente la combinación de esos dos fenómenos, por una parte, una inflación alta y, por el otro, bajas tasas de crecimiento económico, de la mano de un incremento en el desempleo, que generan un estancamiento.

Habitualmente un momento de desaceleración en la economía se acompaña de menores presiones inflacionarias, por una evidente desaceleración en la demanda.

Pero lo que Donald Trump parece conseguir en tiempo récord, con su pretendida política comercial de aplicar aranceles de forma indiscriminada a sus socios globales, es que la desconfianza y la baja en la actividad económica venga acompañada de una renovada presión inflacionaria por efecto, precisamente, de los aranceles que se imponen a las importaciones.

Un elemento adicional que se extiende en la economía estadounidense en estos momentos es la desconfianza, que de hecho alimenta la baja en la actividad económica.

Un indicador básico para conocer el ánimo de compra de los estadounidenses es el Índice de Confianza del Consumidor de The Conference Board, cuyo dato de marzo recién conocimos y sus 92.9 puntos, contra los 100.1 puntos de febrero, son una guía contundente de lo que está pasando en Estados Unidos ahora mismo.

Y cómo pedirles confianza a los ciudadanos de aquel país cuando las aplicaciones de búsqueda de trabajo, por parte de los empleados de las agencias que puso en la mira Elon Musk desde su Departamento de Eficiencia Gubernamental, se elevaron 75% entre enero y febrero en comparación con el difícil año del 2022.

Donald Trump es un amante de la volatilidad y de generar incertidumbre. Ha jugado con la amenaza de los aranceles desde el día uno de su mandato y a menos de una semana de que entren en vigor los llamados aranceles recíprocos, sigue con el juego del regateo.

A Donald Trump, como a López Obrador en su momento, le dejaron una economía estable, con un crecimiento moderado, pero con resistencia, y en poco tiempo ha logrado descomponer las expectativas de los agentes económicos con su modelo de transformación.

La falta de claridad del rumbo que quiere Trump ha llevado, por ahora, a tener que familiarizarse con el término estanflación.